Momento Cartago.

 La caída del Imperio Romano de occidente es un tema que ocupa mucho estudio y mucho debate a los historiadores (debates rigurosos, quiero decir, no tertulias). Existen libros y libros magníficos acerca de esta cuestión, así como una serie de marcos teóricos que viven en permanente discusión. El tema es tan complicado que hay autores muy reputados que defienden que la caída romana fue, en efecto, un acontecimiento de gran calado, mientras otros, también muy reputados, que tratan el tema como un episodio político menor dentro de un proceso de transformación civilizatoria, hoy conocido como "Antigüedad Tardía". Como fuere, yo no estoy capacitado para aportar nada nuevo a este tema, y tampoco como para pronunciarme. Si no puedes ser como Cervantes, limítate a leer a Cervantes.  Lo que si puedo traer en referencia al presente es una teoría que, por conveniencias del guion, nos viene de perlas para hablar de la debacle del Imperio occidental (USA y sus vasallos). Caída, que, por cierto, veo imparable. Como sea, os paso con Peter Heather y John Rapley.



Heather, historiador y Japley, economista de corte keynesiano, diría yo, publicaron recientemente hace dos años un estudio comparativo entre USA-Roma. Aquí, en España, fue la revista Desperta Ferro la encargada de publicarlo. Aprovecho para recomendarla. En esta publicación, los autores trataron el Imperio Romano como un sistema interconectado y con una cadena de suministros imbricada en lo económico, lo político y lo social. En resumidas cuentas, esta Roma vive una suerte de globalización en torno al Mare Nostrum. 

El imperio padece una serie de problemas que no nos va a dar tiempo a tratar, como son el fortalecimiento de enemigos externos, caso de los germanos y los persas (sí, los persas, sí, los iraníes). Estos desafíos geopolíticos obligan a Roma a tomar decisiones, a veces positivas, a veces erráticas. No son necesariamente el motivo de la caída definitiva. 



Roma tiene un talón de Aquiles. Hay una pieza dentro del engranaje que es axial. Si la quitas, o simplemente, la alteras, puedes provocar una reacción en cadena. Y esa pieza era, de acuerdo con los autores, Cartago (la actual Túnez). ¿Y porqué Cartago? porqué era un productor de excedentes agrarios  fundamentales para el mantenimiento imperial. 

Llega el año 429 d.c. Un tal Genserico, líder de los vándalos (de aquí viene lo de llamar "vándalo" a un liante, por cierto) se lanza a la conquista de África. ¡Bingo! la apuesta sale bien. En el 439, Roma ha perdido un centro logístico, fiscal y económico de primer orden.

 


Ahora, Roma tiene que afrontar el resto de desafíos (un tal Atila ya andaba por ahí) con una merma considerable. El resto de procesos que venían lacerando al imperio se aceleran y el imperio de occidente termina desapareciendo en el año 476 d.c. Lo que todos conocemos.

Insisto en que esta teoría puede tener contestaciones académicas serias y que la estoy instrumentalizando conscientemente, no pretendo dar cátedra alguna sobre el tema.

Todo esto de las periferias y los puntos de abastecimiento del gran imperio puede recordar a algo ¿no? en efecto, Estados Unidos y su globalización capitalista también tienen unos cuantos Cartagos, que son los estrechos: Panamá, Gibraltar, Bab el Mandeb, Malaca...y Ormuz.



El estrecho de Ormuz condensa alrededor del 20% del tráfico del petróleo, el 20% del gas natural y 1/3 de los fertilizantes a nivel global. El capitalismo mundial depende de que sea un paso de tránsito seguro y constante. Si se cierra, la economía se tambalea hasta derrumbarse.

Y ese, es el punto en el que se encuentra la globalización diseñada por el gran imperio. Es posible que USA haya llegado al momento Cartago. Con el agravante de que el caso romano vino por una invasión hacia su propio territorio. En este caso, un señor de 79 años que se pinta la cara de naranja a diario ha tenido por bien atacar a una potencia regional que lleva 20 años preparándose para el conflicto, desoyendo todo tipo de advertencias y análisis rigurosos que invitaban a no entrar ahí. 

Y fíjense en las coincidencias históricas que uno de los grandes rivales de Roma fue la Persia Sasánida. 

La historia no se repite, pero la geografía da pistas. Como podéis observar, los dos imperios persas (Aqueménidas y Sasánidas, respectivamente), también controlaron los estrechos de Ormuz y de Bab el Mandeb.


Reflexión final: sospecho que esto está descontrolado, y vadear, mitigar, regatear este asunto va a depender de decisiones políticas. Ahora bien, la crisis del sistema no la esquivamos. No es financiera, es de origen material. Aunque se abriera el estrecho de Ormuz mañana mismo, las destrucciones de infraestructuras son grandes y van a provocar consecuencias de alto calado. Y este sistema es una megamáquina llena de engranajes interconectados. Si se cae un pieza (pongamos, por ejemplo, la destrucción del gas en Qatar, que es muy severa), el sistema va a ponerse muy, muy, muy malito. En algunos países ya hay racionamiento energético. Mantengan la calma, por supuesto, pero sepan ustedes que estamos mirando a la historia a los ojos.

Pd: buen momento para leer Dune, de Frank Herbert. 


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