La Operación Impensable 2: en sus mejores cines.

 Aunque todos tenemos una idea genérica del conflicto, la Segunda Guerra Mundial esconde episodios ligados a la inteligencia y el espionaje muy llamativos. Alguno que otro es medianamente conocido. Desde el año 1944, Winston Churchill empezaba a ser consciente del creciente poder que adquirían los soviéticos en Europa. Esto resultaba fatal para los intereses británicos, cuyas estrategias siempre han atendido al control continental. Para revertir el proceso, elucubró sobre un contraataque contra los soviéticos, en el cual participarían las fuerzas británicas, polacas, norteamericanas y las que quedaban del III Reich. Como lo leen. Lo llamaron La Operación Impensable

 El proyecto no se llevó a cabo por diversas razones. Primeramente, los aliados temían caer en un fallo de cálculo y verse empantanados en una guerra total contra la URSS. Las consecuencias de un suceso de tal calibre serían impredecibles. En adición, el ejecutivo británico también tenía inquietud por la reacción de su pueblo. ¿Cómo iba a responder una población que llevaba años convencida de que la Rusia de Stalin, del Uncle Joe, como lo llamaba la propaganda anglosajona, era un aliado deseable? ¿iba a aceptar de buen grado entrar en una nueva guerra? el gobierno no lo tenía tan claro. 

Vayamos a la actualidad. El 11 de julio del presente año fue la cumbre de la OTAN en Vilna (Lituania). Esta congregación acaparó todos los medios de comunicación. Como suele pasar en cada evento de este calibre, cada figura pública pronunció discursos barrocos sobre el mundo libre, el oso ruso y el dragón chino. Esto quedó en segundo plano, ya que el plato fuerte iba a ser protagonizado por el hombre del momento.

Volodimir Zelenski apareció con sus ya clásicos atavíos militares, rodeado de burócratas trajeados. Era un vikingo del Rus de Kiev entre refinados bizantinos (o así se verían entre ellos). Entre pompa y boato, el Cid del Este presentó una petición a sus amigos europeos: la entrada de Ucrania en la OTAN. La réplica fue clara: Ucrania entrará cuando se den las condiciones debidas, que es como decir, más o menos, que cuando mi Atleti gane la Champions League. Zelenski empieza a entender como nos las gastamos en el Imperio. Entre usted en guerra contra el matón y le ayudaremos, pero, por favor, no salpique.

Después de los interesantísimos discursos protocolarios, pudimos  ver imágenes de un Zelenski un tanto desnortado, perdido entre las sonrisas de los atlantistas. Puede que solo fuera una secuencia anecdótica, pero si nos sirve para simbolizar algo que lleva cociéndose desde antes de la famosa contraofensiva: Ucrania empieza a sobrar en los planes de Occidente.








Tras un año y medio de guerra Proxy, los amos del atlantismo empiezan a inquietarse (Busquen en google "Avoiding a Long War, Rand corporation"). El asunto ucraniano se ha convertido en una úlcera para el proyecto geopolítico de EEUU. Lo que creían que iba a ser un debilitamiento rápido de Rusia ha pasado a ser un conflicto empantanado de futuro incierto. Y esto, con China está a la vuelta de la esquina, no es una buena nueva para los halcones americanos. Pero...¿Qué hacer con Ucrania? esto es una gran pregunta. 

A los países de la OTAN les ocurre con Zelenski algo similar a lo que le ocurría a Inglaterra con Stalin en la Segunda Guerra Mundial. Han sometido a su población a unas operaciones de propaganda tan maniqueas sobre la cruzada contra Rusia y el heroísmo ucraniano que ahora se hace complicado aparcar este conflicto como si nada. 

He aquí ante nosotros, la enésima ratonera en la que se han metido los Estados Unidos de América. ¿Y como nos sacarán de ella? Sospecho que no lo saben ni ellos. Es posible que estemos ante una nueva versión de las desastrosas guerras de occidente, como lo fueron Corea, Vietnam o Afganistán. Con la diferencia de que esta es en la frontera de la mayor potencia nuclear. 



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