Dos años de Ucrania (II): ¿Qué hay detrás de todo esto?

Antes de nada, he de explicar a la enorme cifra de personas que lee mis artículos (unas quince, más o menos) que no he podido, ni podré, publicar con asiduidad debido a una lesión en el brazo izquierdo. 

En el anterior artículo hablé sobre el contraste entre los relatos bélicos, los antecedentes de la guerra y sobre el balance de ganadores y perdedores. En esta segunda parte describiré lo que intuitivamente sospecho que ocurre detrás de esta guerra.

La Matrioshka ucraniana.

Cuando era pequeño, recuerdo que me llamaba la atención un tipo de muñeca muy singular. Se trataba de una forma semi-redonda hueca, dividida en dos piezas. Cuando las separabas, aparecía otra muñeca idéntica, solo que más pequeña. Y el proceso se repetía hasta llegar a la última muñequita. Todos lo hemos visto alguna vez. Es una muñeca de origen ruso llamada Matrioshka. Sirve como metáfora de la tesitura actual.

Primera Muñeca: La ideología.

Esta es la que menos hace falta explicar por lo expuesto en el anterior artículo. Pero, sucintamente, esta muñeca, la que más espacio ocupa en los medios, es la que ofrece la dimensión moral y binaria del conflicto. Existe un malo que pretende destruir la democracia y aquí están los campechanos euroatlánticos para defender al mundo libre de los villanos que la amenazan. Esta es la clásica guerra cognitiva que existe desde hace miles de años.



Segunda Muñeca: La geopolítica.

Cuando una potencia dominante decae y otra crece, el choque suele ser inminente. Y esto es lo que, en mayor o menor medida, se encuentra en la trastienda de la guerra de Ucrania, Oriente Medio y del Sudeste Asiático. Son distintos teatros de operaciones dentro de un mismo conflicto.

EEUU mengua y China crece. Son dos procesos relacionados. El papel financiero, industrial y comercial de Norteamérica retrocede a cada paso que dan las iniciativas chinas (Ruta de la Seda, BRICS, Organización de cooperación de Shanghai, desdolarización...). La China que antes era un país caricaturizado por hacer juguetes para los niños de mi generación es ahora el líder potencial de todos los sectores productivos del mundo. Y muchos países quieren estar bajo su paraguas. Cuando un señor es más poderoso que otro, muchos vasallos besan su anillo. El tema es tan evidente que hasta Elon Musk está aterrado.  



La tarea principal del Pentágono es hacer frente a China. En otros tiempos podrían ir a una guerra directa y terminar como en un Western de John Wayne, pero el mundo es más complejo. En el seno de la Casa Blanca hay dos grandes familias que esbozan distintas estrategias de como abordar el desafío chino:
- Los aislacionistas, representados principalmente por Donald Trump, defienden que el enfrentamiento debe ser directamente contra la economía china. Para ello, es necesario competir contra ellos en todos los aspectos. Los americanos deben desarrollar su potencial interior ("America First") para proyectarlos en el exterior contra China. Rusia, salvo sorpresa, no es del interés de Trump.

- Los Halcones están ubicados en las tres últimas administraciones del Partido Demócrata. Me refiero a figuras como Anthony Blinken, Hillary Clinton, Victoria Nuland, Joe Biden o Barack Obama. Dentro de este sector se traza una estrategia expansiva, que combina el choque tanto contra Rusia como contra China. Aquí es donde todo se vuelve todo aún más complicado y, por ello, conviene explicarlo:
1. Este sector aun entiende que Rusia, dadas sus características, como son su gigantesca extensión, sus golosos recursos o su potencial militar-industrial, siempre va a ser un enemigo existencial de la hegemonía norteamericana, se llame URSS o Federación Rusa. En otras palabras, creen que la Guerra Fría no fue suficiente. 
2. Igualmente, no quitan el ojo sobre China. La administración Obama movió flotas hacia el Pacífico en la iniciativa "Pivote asiático" y la de Biden parece dispuesta a remover el avispero taiwanés. 
A modo de conclusión, la muñeca de la geopolítica nos enseña que Ucrania es un escalón más de esta suerte de Tercera Guerra Mundial. 


Tercera Muñeca: Geoeconomía.

De la economía nace la política, y de la política fallida nace la guerra. Son tres actores que danzan en medio del caos que ellas mismas provocan. Pero no podemos olvidar que la madre de todo es la economía. Y aquí lo es más todavía.
Al capitalismo global, de matriz occidental, le ha pasado lo de siempre. Lleva desarrollando una enfermedad terminal desde hace tiempo. Sus síntomas, como la financiarización frente a la producción o la crisis del 2008 están a la vista de todos. Normalmente, el capitalismo occidental renacía después de sus crisis. Había un proceso que Schumpeters llamaba "destrucción creativa". Lo explicaré como si fuera fútbol: Si el sistema no daba para más, se daba un patadón para arriba (guerra) y se terminaba ganando el partido (el capitalismo occidental recuperaba la batuta después de la guerra). Pues este proceso puede volver a repetirse, pero con un desenlace más virulento. 

Nuestro capitalismo, hegemonizado por EEUU y la UE, no parece capaz de conquistar los mercados de las potencias emergentes, hegemonizadas por China. Entonces, nuestra casta depredadora choca contra distintos capitalismos. Por una parte estaría el chino, de vocación global y más competitivo que el occidental, y por otra el ruso, representado por una oligarquía nacional que quiere que se respete su coto privado y no va a permitir nuestra injerencia. ¿Y qué ocurre cuando los grandes capitales, acostumbrados a la sobreproducción, ven sus conquistas mercantiles perjudicadas? que recurren a los estados para que hagan la guerra en su favor. 1914-1918, 1939-1945, 2022...

Cuarta Muñeca: Geofísica.

Llegamos a la última matrioshka. Esta muñeca es la más sombría de todas. Si seguimos las investigaciones de autores como Antonio Turiel, la extracción de las materias primas clave para el funcionamiento del capitalismo, como es el caso del petróleo, el gas natural o el uranio, cada vez es más complicada. La rentabilidad extractiva de estos materiales está disminuyendo a cada año. Cada vez es más necesario emplear más energía para extraerlos. Esto no significan que vayan a desaparecer de la tierra, sino que no serán tan abundantes como hace cien o cincuenta años. Por supuesto, esto no es baladí. El capitalismo es adicto a la extracción masiva de estas materias primas. Si un estado o una corporación se viera privado de esta posibilidad colapsaría en cuestión de horas. Y con colapso no me refiero a un crack bursátil, como en 2008 (que fue terrible) sino a una catástrofe generalizada y difícilmente reversible, abriéndose la posibilidad de que desaparezca una civilización.
La curva de Hubbert o el "Pico del Petróleo" (1956) es una teoría que estableció que el crudo llegaría a su máxima rentabilidad ("el pico") alrededor del año 2000. Es decir, que a partir de ese momento su extracción sería más complicada y, asimismo, que tendría menos calidad. Esta teoría ha sido retomada y reformulada en España por Antonio Turiel, quien añade otras materias como el uranio o el gas natural. No tengo conocimientos para verificarla, pero creo que es pertinente presentarla, pues intuyo que está relacionada con estas guerras.



Este último factor hace que la guerra sea existencial para todos los contendientes, pues se encuadra en este contexto de ocupar una posición privilegiada respecto a la captación de unas materias primas escasas. 















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