¡Ay, tecnocracia!

En los círculos de los "moderados" y los "centristas" está arraigada la idea de que las instituciones occidentales están lideradas por personas altamente capacitadas y preparadas para llevar a cabo su trabajo. Saben mucho de lo suyo, más que nadie. Y yo digo, con razón de la guerra de Ucrania, que la realidad es completamente distinta. Hablemos de las dirigencias de la Unión Europea y de los Estados Unidos de América.

América: God bless the historians.

Vienen curvas a la Casa Blanca.
 
No coge por sorpresa a nadie el hecho de que a los nacionalistas norteamericanos les gusta verse reflejados en la Antigua Roma como paradigma del pasado. Los romanos imponían su ley, su lengua, su arquitectura y, en definitiva, su modelo de vida, allá por donde pisasen. Esto siempre ha gustado mucho a los de American Way of Life. Pese a esta admiración que sienten algunos estadounidenses por la historia de Roma, creo que es pertinente recordarles que se les ha olvidado revisar la obra de Julio César.
Vercingétorix entrega sus armas a Julio César. Lionel Royer (1899).

César es, probablemente, el romano más famoso de la historia. Su fama como estratega es indiscutible. Resulta que este interesante personaje escribió una serie de libros en los que narraba su peripecias militares en la Galia (actual Francia) en tercera persona. En varios de sus pasajes se reconocen descripciones de los pueblos a los que tendría que, bien enfrentarse, bien aliarse, según el momento dado. César conocía a sus enemigos. Era un maestro del Divide et Impera ("divide y vencerás").

Hubo una época en la que el Imperio Norteamericano contó con estrategas que entendían a sus enemigos, que sabían lo que ocurría en un territorio u otro y, en base a ello, trazaban una estrategia. Me refiero, por ejemplo, a George Kennan o a Henry Kissinger, recientemente fallecido. No seré yo quien cante las glorias de estas figuras, pues son los arquitectos de algunos episodios fúnebres del siglo XX, pero si me veo obligado a recalcar que esta gente cumplía con su función profesional. Aquí es donde viene la diferencia con los últimos gobiernos de los EEUU.

George Kennan.

Desde que terminó la guerra fría, el Pentágono ha entrado en guerras que no parecen cumplir con ningún objetivo estratégico. La ambigüedad, la especulación y los desastres militares, como la retirada de Afganistán, se han convertido en la tónica habitual de los últimos veinte años de política exterior de la Casa Blanca, gobierne quien gobierne. El último episodio ha sido la guerra de Ucrania. Es llamativo que la imprudencia de los sucesivos gobiernos fue advertida tanto por Kissinger como por Kennan. El primero siempre criticó que existía una posibilidad de echar a Rusia en los brazos de China, y eso sería fatal para los intereses norteamericanos. El segundo, por otra parte, dijo en 1997 que la expansión de la OTAN era el error más flagrante de la política exterior de EEUU. Y aún así, fueron desoídos. 
Kissinger y Mao Zedong.


El tema coge tonos aun más oscuros cuando Foreign Affairs, hace unas semanas, publica un artículo en el que advierte sobre la relación entre el desconocimiento académico de la historia y las estrategias de seguridad nacional en EEUU. Esta revista no es precisamente un Pravda ruso. 

No pretendo afirmar que la ausencia de historiadores sea la única causa de la inconsistencia geoestratégica de Estados Unidos, pero si veo pertinente advertir que no parece que tengan mucha idea de a donde nos están llevando. Y eso es un problema existencial para la humanidad, por razones tecnológicas que no hace falta explicar en 2024.

Europa: NS/PC (No Sabe/Pero Contesta).

En el -cada vez más- viejo continente lleva mucho tiempo asentado la idea de la "tecnocracia". Los tecnócratas son una serie de políticos profesionales que, teóricamente, hacen su trabajo desde una perspectiva aséptica y racional, como si la gestión de la economía, las relaciones internacionales o la convivencia fuesen ciencias puras como la física. 

A raíz de la crisis del 2008, entró una notable legión de políticos tecnócratas, caso de Mario Draghi o Christine Lagarde, que se ocuparon de gestionar la esclerótica economía europea. Siguiendo sus criterios de racionalidad, llevaron a cabo una serie de políticas liberales que, resumidamente, mantuvieron viva la moneda pero terminaron por erosionar la estructura económica del continente. No obstante, era imposible imaginar otras políticas, pues estábamos ante expertos incuestionables. ¿Acaso usted va a discutir con Einstein sobre la relatividad? pues lo mismo pasaba con la economía y la señora Lagarde. 
Mario Draghi y Christine Lagarde.

La tecnocracia europea ha tenido la oportunidad de brindarnos una nueva serie de lecciones aristotélicas en la guerra de Ucrania. Para la historia ya han quedado los comentarios de Úrsula Von der Leyen sobre los microchips y las lavadoras, el jardín de Borrell o el hecho de que trece paquetes de sanciones no hayan sometido a la economía rusa. Los bandazos, la falta de uniformidad en los discursos y la sensación de no tener a nadie al volante ha imperado durante toda esta guerra. Pero resulta que este mes la cosa ha ido a peor. 

Empecemos por el motor de Europa. En Alemania, el canciller Olaf Scholz ha negado que vaya a proporcionar misiles Taurus al ejército de Ucrania. Sin embargo, parece que tiene un lobo en el redil. Su ministra de exteriores, Ana Elena Baerbock, ha dicho todo lo contrario. 
Ana Elena Baerbock y Olaf Scholz.

Al lado del motor alemán está la France. Emmanuel Macron ha sentenciado, literalmente, que "No debemos ser débiles" ante la "amenaza existencial" que supone Rusia, por lo que ha abierto la puerta al envío de tropas francesas a Ucrania. Esta declaración de intenciones ha provocado que los gobiernos europeos nieguen públicamente que vayan a secundarle. 

"Mambrú se fue a la guerra". Canción popular francesa de la guerra de la sucesión española. Sale en la primera película de Shrek, por si puede sonar al lector.

Esta última semana, Josep Borrell se ha sumado al aluvión de proclamas. En un discurso público, afirmó que la Unión Europea y los Estados Unidos apoyaban a Ucrania no por una cuestión ideológica o moral, sino de intereses. Tras dos años de justificaciones ideológicas y morales, resulta cuanto menos curioso que ahora la población europea tenga que asumir que, en el fondo, se escondían intereses tras la guerra. Como decía Javier Krahe, Cuando todo da lo mismo, ¿porqué no hacer alpinismo? Para más inri, Borrell ha acudido al programa de El Intermedio para ratificar sus declaraciones. En la entrevista hecha por el gran Wyoming, ha dicho, sin ninguna interpretación, "no estamos en guerra, y no vamos a estarlo...pero hay que pensar en aumentar nuestra capacidad de defensa"

Llamativa imagen de Josep Borrell en Níger en julio de 2023.

En un mes, Europa no ha enviado misiles, pero si ha enviado misiles. Después, ha mandado tropas, pero no todos, solo Francia. Por último, el máximo representante diplomático de toda la Unión ha negado, sin ambages, que vaya a haber una guerra, pero hay que prepararse para ella igualmente. Mucha información, poca concreción. No debería ser provocador pensar que no prevalece ningún criterio técnico en esta secuencia. Voy más allá: no debería ser provocador pensar. 

No podemos saber si la tecnocracia europea tiene un plan respecto a la guerra de Ucrania. Es más, puede que la propia tecnocracia tampoco lo sepa. Es más, y mucho más, el hecho de que no se les pueda discutir, pues en caso de réplica estás dudando de los conocimientos excelsos de nuestros gobernantes. O peor aún, estás del lado del vampiro de las estepas.

Pedro Sánchez y Úrsula Von der Leyen.

A modo de posdata, es interesante mencionar el caso español, que, para variar, también puede presumir de un encomiable ejercicio de racionalismo cartesiano (lo que no nos brinden los filósofos del hemiciclo). La primera en entrar en el juego ha sido la ministra de defensa. Preguntada, también para variar, por el inminente peligro de una invasión rusa sobre toda Europa, ha respondido de manera afirmativa. La guerra en el este está mucho más cerca de España de lo que creemos. Rusia se acerca a pasos agigantados. Los eslavos están en los Pirineos. Sea pues, habrá guerra. 

Supongamos por un momento que las declaraciones de Margarita Robles son indiscutibles. Pues parece que su colega de exteriores la ha desdicho completamente. Siguiendo a Albares, no existe ningún riesgo de choque con Marruecos, dado que sus maniobras militares están muy lejos de territorio español. Sé que puede sonar raro, pero resulta que el gobierno de un país ubicado en la Península Ibérica está situando a Ucrania cerca y a Marruecos lejos de su territorio. Pero claro, no es posible cuestionar los sesudos argumentarios de la tecnocracia, luego, habrá que concluir que las matemáticas y la cartografía son creaciones rusas que conspiran contra "el orden basado en reglas". 





Comentarios

Entradas populares de este blog

Momento Cartago.

Nadar en la Matrix (II): ¿Cómo piensan los estados?

MOAC (Mother Of All Crisis)