Hacia un colapso en occidente.
Entendemos "occidente" por el bloque que componen Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y la Unión Europea. Durante las últimas dos décadas, estas zonas del mundo han experimentado una serie de problemas que han perjudicado gravemente a sus sociedades. Desde la crisis del 2008 se ha evidenciado la oxidación de sus economías. El estancamiento se ha asentado en todos estos países. Para más inri, la pandemia de COVID y las nuevas guerras parecen haber acelerado aun más el proceso.
| El mundo está lleno de ruinas de imperios que se creyeron inmortales. |
Los estados occidentales padecen una enfermedad degenerativa. No van a caer mañana mismo, pero es perfectamente imaginable que lo hagan a lo largo de esta década y la siguiente. Analicemos los frentes abiertos que tenemos abiertos.
Crisis política.
No es un secreto que los líderes políticos occidentales no son precisamente admirados por sus pueblos. Por el contrario, casi ninguno de ellos llega a un 50% de aprobación. La sensación de que en las instituciones no se decide nada se generaliza. Cada vez existen más lugares donde se percibe que las decisiones vienen de lugares ajenos a la política convencional.
Los partidos políticos muestran un enorme enfrentamiento en la televisión y redes sociales. Sin embargo, no existe una diferencia radical entre los actos de una facción "progresista" y otra "conservadora" cuando gobiernan. Parece que los insultos y los aspavientos en los parlamentos vienen más a ficcionar un enfrentamiento ideológico que a representar a la ciudadanía. Podríamos poner un ejemplo paradigmático.
En España, la sanidad y la educación son caballos de batalla de la izquierda parlamentaria. Sin embargo, tanto en gobiernos de derecha como de izquierda sigue habiendo una privatización rampante. Ni que decir de la vivienda, donde el actual presidente se ha jactado repetidas veces de que no habría más desahucios. Aclaro que no pretendo centrarme solo en España, pues este tipo de situaciones se reproducen en todo el occidente, y con más temas de discusión política (inmigración, ecología, política exterior...).
| Cómico meme sobre el último episodio de la política española. |
Esta sensación de inutilidad de la política aumenta más cuando organizaciones supranacionales como el Foro de Davos, la Unión Europea o el FMI anuncian todo tipo de medidas que no nacen de ninguna elección popular ni han sido consultadas a ningún ciudadano. De ahí que sectores conservadores e izquierdistas coincidan en criticar la famosa Agenda 2030. A veces convendría escucharlos en lugar de tacharlos de teóricos de la conspiración.
| ¿Quién manda? |
Crisis económica.
Utilizo la palabra "crisis" por su familiaridad para los lectores, pero lo cierto es que se podría hablar de "derrumbe progresivo". El mundo occidental se enfrenta a la desaparición de la clase media. Las fortalezas económicas de las que disfrutaban nuestras sociedades se resquebrajan. La subida de precios en elementos básicos, como la vivienda, la energía o la cesta de la compra, es cada vez mayor. Esto se une a unos salarios no precisamente boyantes, a la precariedad laboral y, en algunos casos como el español, al desempleo juvenil generalizado.
| Viñeta del portal "Nueva Revolución". |
No obstante, el panorama no es tan perjudicial para otra parte de la sociedad. Como bien remarcó Oxfam, los beneficios de las grandes corporaciones se han disparado a cifras milmillonarias durante estos años de crisis, pandemia y guerra. De hecho, mientras escribo esto se está barajando una nueva fusión bancaria en España. Ni que decir, por supuesto, de los pingües beneficios logrados por empresas energéticas y armamentísticas en este contexto.
Frente a esta peligrosa realidad, las televisiones muestran sesudas gráficas y explican conceptos grandilocuentes sobre la llamada "ciencia económica" que no parecen estar cerca de la realidad de la calle.
Crisis social.
Si la economía y la política destruyen más que crean, no imaginemos que la sociedad va a estar de rositas. Por el contrario, las posiciones ideológicas cada vez se muestran más enconadas. Al calor de los últimos acontecimientos, surgen más colectivos descontentos. Las protestas de agricultores se han replicado por Alemania, España, Francia, Bélgica y Polonia. En el caso francés, estuvieron cerca de tener un incidente con Macron. No fue la única vez que los galos han tenido tensiones internas, pues los enfrentamientos con la clase migrante lumpenizada de las grandes ciudades son cada vez más frecuentes.
| Protestas de agricultores en Alemania. |
El de Alemania es un caso alarmante, en tanto que se supone la vanguardia del pacifismo y la innovación en el continente. El país se encuentra en recesión económica y con un gobierno totalmente desacreditado por sus vergonzosas incoherencias. No quiero detallar que ocurrió la última vez que se vieron en una situación similar.
¿Y qué podemos decir de los Estados Unidos de América? Pues estamos hablando de un país en el que los problemas sociales están a la orden del día. Uno puede pensar en el asalto del capitolio del 2021, en la epidemia de fentanilo, en la represión policial, en las recientes tensiones con Texas o en las actuales movilizaciones universitarias frente a los desastres del gobierno de Biden respecto a su apoyo al estado de Israel. Hace una semana, se ha estrenado una película sobre el estallido de una eventual guerra civil. Esperemos que en un futuro solo sea una curiosidad cultural.
| Candidata a imagen del siglo. |
A todos estos desafíos, sumen las futuras oleadas migratorias, la cuestión ecológica y el porvenir de las guerras en Ucrania, Oriente Medio y, probablemente, en el sudeste Asiático. El cóctel está servido.
Lo bueno y lo malo.
Nos encontramos en una década crucial. Estamos en un periodo en el que lo nuevo no termina de nacer ni lo viejo termina de morir. Estas son las épocas más fascinantes y peligrosas para las sociedades que las padecen.
Tan cierto es que existen tensiones sociales muy serias como que las instituciones políticas y económicas se muestran incontestables. Nuestras sociedades son mayoritariamente apáticas y no quieren mayores problemas de los que ya tienen en su día a día (solo faltaría). Sin embargo, a medida que se acentúan las contradicciones que crea nuestro sistema, más se abre la posibilidad de que se abra la espiral del caos. Por mucho Netflix que haya, las personas comemos.
Sin embargo, también se abre otra ventana de oportunidad que deberíamos examinar. La destrucción de la clase media volverá a traer una realidad: el médico podrá volver a empatizar con el camarero, el ingeniero con el panadero, o el docente con el dependiente de la tienda de debajo de su casa. Resultará que el vecino al que considerabas un "facha" y él a ti un "progre" tendrá los mismos problemas que tú, y que solo era un buen tipo que estaba harto de trabajar. Y de ahí tendremos que recrear un nuevo programa de clase que haga frente a los problemas que ha provocado nuestro sistema caduco. Reconozco que la tarea es harto complicada, pues requiere de cosas que escasean en nuestra sociedad (y yo me incluyo). Pero habrá qué hacerlo y con entusiasmo. Como decía Sabina, nos sobran los motivos.
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