Breve historia de Europa.
Estos últimos años han surgido diversas críticas a la Unión Europea por su carencias como proyecto político. A raíz de las decisiones tomadas respecto a la guerra de Ucrania, voces críticas (entre las que me incluyo, aunque en calidad de mindundi) han hablado de "el suicidio de Europa". Ahora bien, cabe preguntarse una cosa. ¿Es nueva esta dejadez? ¿no pasó nada antes de la invasión de Rusia? Yo diría que no. Viene de lejos. A mi juicio, desde 1992 hasta la actualidad ha habido una meritoria autodestrucción por parte de la burocracia europea.
En Maastricht empezó la fiesta (1992)
En el año 1992, los países de la UE firmaron un compromiso clave para su funcionamiento. En la ciudad de Maastricht (Países Bajos), los países miembros acordaron diversos artículos, entre los cuales cabe fijarse en dos.
Primeramente, se acordó fijar una moneda única para todo el espacio europeo: el Euro. ¿Misma moneda para todos? ¿en el continente fratricida? ¡un logro histórico! Parecía maravilloso. Bien, pues igual no lo era tanto. Había letra pequeña. Esta divisa equivalía a la moneda alemana: el marco. Por lo tanto, esto supuso una adaptación monetaria del resto de países europeos. Una moneda para dominarlos a todos. En España, algunos como Julio Anguita advirtieron de las consecuencias de esto. Como no, nuestros moderados medios de comunicación lo tildaron de poco menos que de hereje anti mercados.
| (Y sobre muchas más) |
La segunda decisión estelar correspondió a la financiación de los estados. Hechizados por las teorías monetaristas, los gurús de la "ciencia económica" predicaron sin descanso que los estados no podían recibir financiación pública, sino que esta tarea había de ser llevada a cabo por los bancos privados. De acuerdo con sus sesudas tesis, la financiación pública conllevaba a la corrupción y a la inflación.
Imbuidos por esta idea, los tratadistas de Maastricht sacaron otro conejo de la chistera. Habría un banco público encargado de emitir moneda. No obstante, este banco entregaría el dinero a los bancos privados, que se encargaría de financiar a los estados.
Así lo decía la ciencia. Si el banco es privado no hay corrupción, ni inflación. Solo hay competitividad, mercados, prosperidad y un largo etcétera. Como en el fútbol: pelotazo al delantero y a ver que sale.
Los tecnócratas traen Champagne (2008-2022).
La historia siguió su cauce y en 2008 llegó una crisis económica mundial, proveniente de Estados Unidos. Esta hecatombe se expandió por todo el mundo en cuestión de minutos. Entonces, Europa se miró al espejo y se dijo "caramba, si no tenemos control financiero". Las advertencias del hereje Anguita eran ciertas.
| Se acabó la fiesta... |
Pero Europa tenía otra solución (para variar). Trajeron a sus economistas "tecnócratas" que, como en 1992, tenían enormes conocimientos científicos, no arrastraban ningún caso de corrupción a sus espaldas, ni trabajaban para intereses privados, ni nada de nada. Los tecnócratas mostraron complejísimos modelos matemáticos, introdujeron vocabulario especializado, fueron aplaudidos en televisión y todo quedó solucionado. Excepto porque las deudas de los estados habían subido catastróficamente, los bancos privados habían sido rescatados con dinero público, los servicios públicos habían empeorado, la precariedad laboral se había consolidado y la especulación con los bienes básicos se convirtió en nuestro fiel compañero.
...empezó el After.
Dicho de otra manera: desde 2008 no se solucionó nada, sino que se agravó. Pero claro, había sido una cuestión científica. No había otra manera. Y si levantas la ceja eres poco menos que un traidor.
Solución de vieja escuela: la marcha al este (2022-presente).
Las recetas ultra-científicas no solucionaron los problemas endémicos de la Unión Europea. Entonces, los que manden allí (vaya usted a saber quienes) decidieron cambiar de disciplina. En lugar de buscar en los manuales de economía, echaron una ojeada a los de historia. "¿Qué hacíamos los europeos para solucionar nuestras crisis?" y de repente se les encendió la bombilla: a la guerra, y con alegría, ¡que invitan los hijos de los trabajadores! ¡Todos a la Siberia!
Perdón por mi herejía.
Nuestra ortodoxia mediática suele señalar a aquellos que renegamos de la Unión Europea como "euroescépticos". He de hacer una aclaración sobre esto. "Escéptico" significa "dubitativo". Yo no dudo sobre la UE: es una institución caduca. Hay que hacer otra cosa. Los pueblos del continente nos volveremos a entender entre nosotros, pues nuestros intereses son los mismos. La UE no nos está uniendo. Por el contrario, está agravando las contradicciones de su estructura económica. Cuanto más dure la Unión Europea, más grandes serán las posibilidades de que colapse estrepitosamente. Mejor colapsar con la calma, evitando aglomeraciones.
Para que nos entendamos: ¿quiere usted volver a ver la Europa de las grandes guerras y de las crisis económicas? no se preocupe, que el barco va hacia ese iceberg...y a toda pastilla. ¿Quiere otra cosa más racional y menos violenta? pues le tiendo mi mano. No es obligatorio ir al infierno, aunque la televisión se pase el día pregonándolo.
Igual si usted lee el artículo piensa "menudo exagerado es este chico". Lo entiendo, de verás. Pero le recomiendo que busque en google "soldados franceses en Ucrania", "ataque a un radar dentro de Rusia", o "últimas declaraciones de Jens Stoltenberg".
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