Nadar en la Matrix (II): ¿Cómo piensan los estados?

Coges el móvil. Miras las noticias, ya sea en periódicos, páginas webs o redes sociales. Hace unos meses, el tema habitual era Rusia. Luego, pasó a ser Irán. China aparece todas las semanas. Ahora, parece que es Venezuela. Siempre que estos países protagonizan las noticias, es porque forman parte de un eje anti-democrático/totalitario que debe ser derrotado ¿Y esto a qué se debe? ¿Tiene algo de cierto? 

Bien, hoy vamos a ver los dos principales paradigmas de las relaciones internacionales y como estos actúan sobre los medios de comunicación.

¿Cómo que teoría de las relaciones internacionales (RR. II.)?

Puede sonar extraño para iniciados, pero los comportamientos entre los estados se estudian desde hace mucho, mucho tiempo. Se buscan patrones de conducta y reglas para entender porque tal país ataca al de al lado, y viceversa. Por supuesto, no son equivalentes a las leyes de la física, pues estamos hablando de ciencias sociales. Sin meternos de lleno en la cuestión, quédense con que son reglas orientativas.

Existen varios enfoques para analizar las RR. II. Están en permanente revisión y siempre surgen líneas de investigación. Ahora bien, hay dos líneas que son hegemónicas y son las que vamos a tratar:



1. El idealismo político.

Este paradigma explica que las relaciones internacionales tienen un propósito de tipo liberal. Entiende que el liberalismo es el sistema más capacitado para lograr la cooperación internacional, el cumplimiento de leyes comunes y, en definitiva, la paz. Según sus razonamientos, el liberalismo, al abrir mercados y fronteras, conduce a una cooperación inevitable entre los estados. Es una cosmovisión exportable a cualquier parte del mundo. Por ello, es necesario expandirlo por el mundo. 

Kant (el que sale en selectividad) es uno de los mayores patrocinadores del idealismo.


2. El realismo político.

Ahora viene la contraparte, el malo de la película. A diferencia de los postulados idealistas, existe una rama que niega la mayor. Los realistas consideran que la política internacional es un espacio caótico en el que todos los estados se mueven en búsqueda de ocupar el mayor espacio de poder. No existen convenciones ideológicas o convencimientos morales, sino el interés particular de cada estado. Un día, un estado liberal se puede aliar con un estado teocrático, y al siguiente, con uno comunista, y viceversa. Lo importante es el interés.

Maquiavelo, el precursor del realismo político.

Relación con los medios.

He aquí la cuestión central. Cada vez que empieza un conflicto internacional, los medios de comunicación cierran filas en torno a un relato. Sea con Rusia, con China, o con Irán, siempre se trata el mismo aspecto: los países occidentales se han enfrentado a X debido a que este otro es anti-democrático. Es decir, nos venden que nuestros gobiernos aplican el idealismo político, cuando la realidad es exactamente la contraria. 

Pongamos, por ejemplo, el caso de dos países islámicos. En un lado tenemos a Irán, donde siempre hay noticias sobre su terrorífico sistema político, caracterizado por el fanatismo religioso y la intransigencia. En otro lado, aparece Arabia Saudí, de un carácter igual de autoritario y fanático. ¿Cuál de los dos países recibe más ataques por parte de occidente? Irán. ¿Y porqué no los recibe Arabia Saudí, cuyas fechorías son más que conocidas? ¿Porqué no van Sánchez, Scholz o Biden a pedir una apertura democrática, ecologista y feminista a Arabia? porque el interés prevalece. Arabia es un potencial aliado, e Irán un enemigo. Se aplica el realismo político.

En el caso venezolano, percibimos una notable indignación por que el gobierno de Maduro haya manipulado los resultados electorales. Sin embargo, con Ucrania, cuyo gobierno subsiste con la financiación occidental, no hay ni un atisbo de indignación con que el ejecutivo de Zelensky haya ilegalizado una decena de partidos políticos, o de que se mantenga en el cargo cuando este ha expirado. ¿No teníamos la misión de repartir la democracia por todo el mundo?

Henry Kissinger y Mao Zedong.

Ni que decir de China, el supervillano definitivo. En los años 70, Estados Unidos, para aislar a la URSS, se acercó a China. De esta manera, fortaleció al gigante asiático. Y ahora, resulta que se ha convertido en el mayor enemigo. ¿Qué ha cambiado para que sea así? ¿es que China era democrática en los 70 y se ha vuelto autoritaria en 2024? va a ser que no. Simplemente, su poderío económico es una amenaza para la hegemonía norteamericana. Ni democracia, ni cuentos. Interés, interés, interés, y más interés. 

TIP 2: a los gobiernos no les importa la democracia del de al lado. Siempre hay intereses estratégicos detrás. Cuando veas que hablan una semana entera de un gobierno concreto, es que se está urdiendo algo.

Comentarios

  1. Hay un par de cosas que siempre me han chinao (¿lo pillas? China) de las teorías del realismo político y por tanto también del idealismo: es la tendencia a imaginar al Estado como una entidad total, homogénea y omnipotente; una entidad que es toda la sociedad o, al menos, es capaz de integrar de tal forma al resto de la sociedad que básicamente actúa como una extremidad más. Sociedad y estado no son lo mismo, de hecho el Estado forma parte de la sociedad pero no creo que pase al contrario. Los Estados como órganos que son institucionalización de unos poderes y de otros no así como entes administrativas soberanas tienen que lidiar con una gran complejidad de grupos con propios intereses propios y cruzados que no pocas veces son contrapuestos entre sí y respecto al propio Estado. Esto lo obliga a establecer unos principios y, hasta cierto punto, creérselos y hacérselos creer a los demás. Está claro que lo más eficiente para el Estado sería un despotismo burocrático tecnócrata con una economía controlada centralmente o fuertemente intervenida pero pocos Estados avanzan hacia ese modelo porque ni pueden ¡ni quieren! Y si quisieran difícilmente podrían. Los Estados no son el Leviatán pero tampoco son una entidad neutral y racional: forjan alianzas y son forjados en alianzas, son idealmente soberanos pero están limitados por la actuación contraria de otras entidades así como por la cesión voluntaria de cierta soberanía (ONU, organismos de integración regionales...). Al final el Estado como estructura no se puede entender desde su abstracción teórica porque por mucha inercia administrativa y legal que haya lo que hacen al Estado son las personas, las personas organizadas en distintos y variadísimos tipos de grupos formales e informales.

    Las teorías del realismo y el idealismo político pueden ser útiles para trazar esquemas generales y abstractos de relaciones internacionales entre corporaciones estatales pero se ven muy limitadas en cuanto se hacen históricas a través de las tradiciones políticas, los accidentes históricos y por supuesto las luchas de clases que difícilmente se desarrollan en los confines de las fronteras soberanas.

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    1. Ya lo decía Alonso Quijano: "Con Pachón hemos topado". Tienes toda la razón en lo que dices. Como bien apuntas, el dilema realismo-idealismo es muy útil para abstracciones y para ofrecer un panorama general y de introducción a la geopolítica. A fin de cuentas, la intención que tengo con este artículo es mostrar como el interés prevalece sobre la moralidad o la ideología en las relaciones internacionales, ya que la narrativa hegemónica vende un concepto distinto.
      A partir de este punto, la profundización en estos temas nos llevaría a otros derroteros, donde podríamos hablar de todo lo que mencionas y hacer un análisis más concreto. Pero, por el momento, me limito a dar unas pinceladas básicas.

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  2. Muy bueno el comentario de Pachón y el artículo.

    Existe la problemática de la vinculación (casi adoctrinada) del concepto de Estado con el de Nación. Si sales a preguntar a la calle por el significado y relación de esos términos, te encuentras unos malabares mentales que ni un Alakhazam a nivel 100.

    Por otro lado, y antes de sacarme el mondadientes de la boca, me gustaría citar a un cachondo que excretó una gran verdad: la ideología no existe para la gente de poder, existe el poder.

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