Nadar en la Matrix (I): la Guerra Total.

Vivimos tiempos extraños para ser un ciudadano cualquiera en Europa. Por una parte, estamos en un territorio que se jacta de ser un remanso de paz, y, por otra, llevamos dos años inmersos en la guerra más importante de lo que va de siglo. Esto afecta al día a día de todos y cada uno de nosotros, aun cuando parece que no es más que un asunto lejano que acabará tarde o temprano.

La convivencia pasiva (cuando no la aceptación fervorosa) de nuestra sociedad hacia el militarismo de las élites es un fenómeno que está marcando el comienzo de esta década. La razón es muy sencilla: los políticos y los medios de comunicación fomentan este pensamiento a diario, cuando la gente llega muy, muy, muy cansada del trabajo y necesita desconectar de su jefe, del abusivo pago de tarifas y demás cosas que todo ciudadano de a pie conoce de buena mano. 



Es muy complicado dar batalla a la persuasión continua a la que nos someten los principales canales de información. Por ello, intentaré aportar unos tips para nadar en este mar revuelto de medias verdades, mentiras, suposiciones falsas, inexactitudes y eufemismos que es el mundo de la comunicación en tiempos de guerra.

Mi intención con esta serie de artículos es fomentar que los lectores miren a la televisión y a los periódicos de una manera más crítica y desconfiada. Me conformo con eso. No prometo aportar la verdad absoluta ni  razonamientos brillantes, ya que no entra en mis facultades.

La Guerra Total.

Decía un autor de la Antigua Grecia que la primera víctima de la guerra es la verdad. Esta frase perdura milenios después. Para poder explicar como funciona en nuestro tiempo, hemos de dar un corto viaje a hace cien años. 

En el año 1914 estalló la Primera Guerra Mundial. Este conflicto fue un antes y un después. En un principio, las potencias en liza creyeron que la guerra no tendría unas consecuencias muy diferentes a las habidas previamente. Sin embargo, en cuanto corrió la pólvora, Europa se convirtió en un reguero de muerte, pólvora y fuego sin parangón. Hasta el momento, no había habido nada igual. ¿Y eso a qué se debió?

A que fue la Guerra Total. Esto significaba, grosso modo, el empleo de todos los recursos de un país, ya sean humanos, intelectuales o materiales, para el ejercicio de la guerra. Es decir, todo lo que producía, desde la mantequilla a los cárteles, tenia que ir para el frente de batalla. No se podía discutir nada. Todos a uno hacia la guerra ¡y con alegría! 

Un momento ¿Y cómo aceptó la población tales sacrificios? sígueme, queda poco.

En esta guerra, la propaganda fue fundamental. Para imbuir a la población en la necesidad de tomar las armas, era necesario condicionar sus ideas. De repente, los periódicos, los políticos y las corporaciones eran más militaristas que los propios ejércitos. El objetivo era 1) identificar/demonizar un enemigo 2) mostrar realidades binarias y 3) enardecer el nacionalismo. Desgraciadamente, la estrategia funcionó y hubo una guerra catastrófica. 

Demonización del enemigo.
Realidades binarias: solo hay paz mediante la guerra.


Nacionalismo.

La propaganda masificada vino para quedarse. Era una herramienta sumamente útil para disciplinar a la población, como más tarde demostraron la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría o las "guerras contra el terrorismo". ¿Porqué tiene tanto éxito? porque es un método de poder blando de lo más sofisticado. No coacciona ni golpea, se limita a repetir información, a cambiar el lenguaje y a incidir en los comportamientos. Es una amenaza fantasma. 

Nuestro tiempo: Ucrania como ejemplo.

¿Hasta donde quiero llegar con esta perorata? a que la información, en tiempos de guerra, está condicionada. Los medios de comunicación hegemónicos tienen tras de si a una serie de inversores y de dueños cuyos intereses están ligados a la industria militar. 

Cuando empezó la invasión de Rusia frente a Ucrania, todos los medios cerraron filas y concordaron en construir una narrativa binaria, en la que Putin era el enemigo. Tanto ha sido el asunto que las voces que claman por las negociaciones y la diplomacia son tachados de prorrusos. la consigna es clara: no vale dudar de la narrativa. El que lo haga, está con el enemigo.

¿Esto quiere decir que todas las noticias que salgan en la televisión son falsas? No. En absoluto. Lo que significa es que tras la supuesta neutralidad y la labor informativa existen sesgos e intereses que han de tenerse en cuenta a la hora de leer una noticia en tiempos de guerra. Esto vale tanto para una noticia favorable al Kremlin como a la Casa Blanca. 

TIP 1: Cuando llegues a casa bien cansado y veas una noticia relacionada con la guerra, desconfía y busca fuentes alternativas. A ser posible, fuera de los medios convencionales.

Ahora puedes estar pensando que este artículo es un timo, ya que no he aportado fuentes concretas. Tranquilidad: más adelante, dedicaré un episodio basado en ello.






























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