Con el de Tesla hemos topado.

Elon Musk ha puesto en pie de guerra a la Intelligentsia europea.

 

Lo que nos cuentan que pasa.

Apasionado de la ciencia ficción, autodenominado como una especie de Tony Stark, alineado ideológicamente con el sueño americano, Elon Musk se presentó ante el mundo en 1998, cuando creó Paypal, junto con otras figuras célebres. Esta nueva figura aparecía como el adalid de la segunda generación de tecno-millonarios, precedida por la de Bill Gates y Steve Jobs. 

Durante casi los primeros veinte años de este siglo, Musk se había mostrado al público como una figura a la que la política le interesaba poco. Para él era un sin más, simpatizaba con las ideas moderadas, creía en las instituciones y, sobre todo, en que el negocio fluyera, pues era un liberal convencido. Y durante estos años, se le trató, mayoritariamente, como un visionario que entendía ya no el mundo, sino el universo, como nadie jamás. Nos encontrábamos ante el portentoso inventor que nos llevaría a Marte y que llenaría nuestras calles de llamativos y limpios coches eléctricos. A su lado, Iron Man era un contaminador y un rancio militarista.

Elon Musk hizo un cameo en la película de "Iron Man" (2008).


Pero resulta que los hechos empiezan a cambiar. La década del 2020 llega a su fin y el bueno de Musk es cada día más cercano a Donald Trump. Sus posiciones ultracapitalistas avanzan en el debate público. Arremete contra el wokismo, ensalza ideas eugenésicas, reprime a los sindicatos y se pone a fumar porros en medio de un Podcast. (esto tuvo su gracia). Claro, los medios convencionales, que lo veían como un héroe, empiezan a pensar que se ha convertido en el Doctor Muerte.

Entonces Elon cruza el Rubicón. El 28 de octubre de 2022 vio que tenía un poco de suelto en la cartera y compró Twitter por 4400 millones de dólares. Después, se consolida como brazo político de Trump y le apoya públicamente. Al final, Trump termina ganando las elecciones. 

De repente, Elon Musk, antes amigo de todos, magnífico hombre de negocios, sabedor de muchísimas cosas que los plebeyos no podemos entender, se convierte en el enemigo número uno de la inmensa mayoría de los medios de comunicación de masas. Mira uno la CNN, El País o RTVE y se encuentra con que esta figura es un peligro público. Las razones argumentadas en torno a esto son tres:

1. Elon Musk restringe la libertad de expresión: la posibilidad de que uno de los hombres más ricos del mundo posea Twitter, uno de los centros comunicativos más importantes del mundo, representa una centralización de la opinión en torno a sus intereses políticos y empresariales. 
2. Elon Musk fomenta la desinformación: Twitter fomenta la proliferación de noticias falsas y esparce las mentiras por todo el globo. A diferencia de esta red social, los medios tienen agencias verificadoras que evitan esos problemas.
3. Elon Musk es un oligarca: Musk cuchichea al oído de Trump cual el mago Saruman al Rey Theoden en El Señor de los Anillos. Se ha saltado las reglas de la democracia, puesto que, al estar en el gobierno, sus intereses empresariales se anteponen a la soberanía popular.

Curiosa foto de Elon Musk disfrazado de nécora gallega.

¡O acabamos con Musk o se acaba la democracia!

Lo que realmente pasa.

Bueno, hasta aquí hemos llegado con la entrega de Star Wars, que van ya como 13 y llevan sin hacer una medio decente desde La venganza de los Sith (2005). Ya vale de contar fantasías, que vamos a matar de aburrimiento a ocho mil millones de personas. La escenificación, tanto por parte de Musk, como por parte de sus enemigos, es una caverna de Platón de manual.

En primer lugar, Elon Musk no se ha alineado con Donald Trump porque se vea con una misión civilizadora de primera magnitud, o porque sea ese visionario que crean algunos. Por el contrario, lo que ocurre es que sus negocios, que en 2010 eran muy prometedores, en 2025 están en serio peligro frente a los de China. Entonces, Musk, que sabe como funciona el capitalismo, ha entrado de lleno en un gobierno agresivo, como parece que va a ser el de Trump, para hacer valer sus intereses en un contexto de guerra total. Como hicieron ciertas grandes corporaciones con cierto régimen en cierta década que no voy a nombrar. Quién-tú-sabes, como dicen en Harry Potter. 


Musk siempre ha sido un oligarca. Lo era cuando parecía un joven emprendedor con sueños y sonrisas lisonjeras, y lo es ahora que aprieta el mentón, se pone unas Ray-bans y hace ese saludo peculiar. No obstante, en sus tiempos mozos, el oligarca simpático no estaba todo el día insultando a Bill Gates, a Hollywood, a Netflix y a toda la intelectualidad del "centro-izquierda" estadounidense. Entonces no les molestaba. Ahora que cambia la tesitura, los oligarcas del otro "bando" ponen el grito en el cielo. Lee uno un periódico y parece que las oligarquías han empezado a existir en 2025. Será que el Foro de Davos es una ONG de proletarios y no nos hemos enterado. 

El asunto de los medios de comunicación es de un cinismo indescriptible, la insoportable levedad de la hipocresía llevada (nunca mejor dicho) hasta Marte en cohete. Los mismos periódicos de "las bombas de destrucción masiva" de Irak, de la moda del "co-living", de la "intervención humanitaria" en Libia, de la revolución "democrática" del Maidan ucraniano en 2014, de la "autodefensa" del estado innombrable, de los "yihadistas tecnócratas" de Siria nos están advirtiendo de que la mentira prolifera en el mundo. Es como cuando Maradona se presentó a un partido por la paz y acabó a puñetazos. 
Cuando los anti-Musk nos advierten de los peligros que entraña que un multimillonario tenga el control de un foro comunicativo como Twitter, tienen razón. Ahora bien, yo propongo darle una vueltecita más a la tuerca: echen un vistazo en internet sobre la propiedad de cualquier gran grupo mediático.

A modo de conclusión, pido un favor tanto a Musk como a sus detractores: no nos contéis monsergas, ni nos digáis lo que tenemos que pensar, que ya bastantes rollos patateros tenemos que tragar a diario. Elon Musk solo es un síntoma de una enfermedad extendida hasta su fase terminal (Que no es poco).

Posdata: si diré una cosa sobre Elon Musk. Representa la tendencia generalizada de los oligarcas de nuestro tiempo. Es decir, forma parte de ese selecto grupo de diletantes adinerados que lleva diez años hablando de fantasías intergalácticas y de transiciones energéticas fabulosas mientras el mundo real se va al mismísimo carajo. En eso no se diferencia en nada de su supuesto archienemigo Bill Gates. Y en muchas más cosas.

















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