Tras el rearme.

Los tambores de guerra resuenan por Europa. El viejo continente se llena de cantares bélicos y las advertencias de los altos mandos copan las portadas de todos los periódicos.  Tras ochenta años de relativa paz, la guerra total parece convertirse en una realidad. Ante tal contexto, la Unión Europea y la OTAN (difícilmente discernibles en esta tesitura) insisten en la necesidad de incrementar el gasto militar hacia, mínimo, un 3% por cada país miembro.  

¿Pero hay algo más que esto? ¿podemos mirar estos sucesos desde otro prisma? propondremos una serie de razones alternativas que pueden - o no - explicar que se esconde tras el rearme generalizado europeo. No tienen que estar necesariamente conectadas.

Razón 1: Rusia invadirá Europa.

El argumento más convencional para justificar esta nueva orientación política y económica es este. Si no se crea una gran infraestructura militar en suelo europeo, Rusia llevará a cabo una invasión sobre el continente. Como explicamos aquí, no parece una posibilidad real, puesto que los intereses políticos, las necesidades económicas y el potencial demográfico de Rusia no coinciden en ese punto. 




Razón 2: América detrás.

Donald Trump está presionando a todos los países europeos para que incrementen el gasto militar. Algunos creen que es una de sus clásicas algaradas. Otros, en cambio, piensan que es más profundo. Si la Unión Europea se rearma, podría hacer ingentes compras de material a las compañías norteamericanas, las cuales, curiosamente, han hecho aportes generosos a la campaña del actual presidente de USA. 


Razón 3: crisis de sobreproducción.

Periódicamente, el crecimiento del capitalismo topa con sus propios límites. Y, como es un sistema que necesita crecer continuamente, tiende a recurrir a la militarización de la economía para asegurar la inversión y el mantenimiento del sistema.  En caso de que hayamos llegado a este punto, puede ser harto peligroso, ya que suele ser una decisión irrevocable por parte de los grandes capitales. 

Razón 4: fallo de cálculo estrepitoso.

Esta sería la hipótesis más hilarante de todas, pero no es del todo desdeñable. Cabe la posibilidad de que los políticos occidentales hayan hecho una enorme apuesta por la victoria de Ucrania sobre Rusia y, al ver el infructuoso resultado de esta, hayan decidido redoblar sus esfuerzos para así poder evitar un cuestionamiento activo de sus decisiones en el debate público. No obstante, la cuestión de la guerra no es un punto central en el debate ideológico de la mayoría de los países europeos. Mismamente, en España es un asunto periférico. Y, por si fuera poco, el debate público apenas está promocionado en los medios más influyentes.




Razón 5: Escatalogía.

"Quien controla la especie controla el universo" este es el lema de la célebre novela de ciencia ficción Dune, llevada a los cines recientemente con notable éxito. Dune trata, principalmente, de la dependencia de la humanidad de sus recursos naturales.

Muchas autoridades científicas afirman que la rentabilidad del petróleo y de otras materias primas estratégicas (uranio, por ejemplo) está llegando a su máximo. Esto no quiere decir que se vayan a acabar, ni mucho menos, si no que cada vez tienen una extracción con un costo energético mayor. Hace 120 años, un ranchero disparaba al suelo de Texas y el petróleo aparecía como un géiser. Ahora, tenemos que recurrir a líquidos bituminosos, derivados de mala calidad, al fracking o a reclamar Groenlandia bajo el lema "Drill, babe, drill" (talada, nena, taladra). 




De ser cierta esta teoría sobre las materias primas, las potencias globales no tardarían en entrar en un contexto de guerra total por la captación de estos recursos para garantizar su supervivencia. No olvidéis que Rusia, Estados Unidos, China o todo el Medio Oriente son ricos en cuanto a recursos se refiere. Pero Europa es todo lo contrario.

Conclusión.

No conocemos la razón exacta para justificar el retorno a la senda militarista de Europa. Todas las hipótesis mencionadas pueden coexistir (sostenemos, eso sí, que la de la invasión rusa es propaganda). Lo único que sabemos es que nuestra opinión es irrelevante a ojos de quienes toman estas decisiones. Esperemos que, en cambio, si sea útil para abrir nuevas perspectivas a los lectores.

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