Silencio, que va a hablar un imbécil.
Año 1997. George Kennan, quien había sido uno de los asesores internacionales más importantes de Estados Unidos durante la guerra fría, suelta la siguiente bomba: extender la OTAN sería el error más fatal de la política de EEUU en toda la etapa posterior a la guerra fría".
5 de marzo de 2014, The washington Post. Henry Kissinger, el consejero por antonomasia de todos los gobiernos norteamericanos, advierte de la peligrosidad de enfrentar a una parte de Ucrania con otra.
Por si fuera poco, aparecen los tres académicos que mejor conocen la política exterior de los Estados Unidos. John Mearsheimer, Jeffrey Sachs y Noam Chomsky. Los dos primeros están ubicados ideológicamente en la derecha, mientras que el último es todo lo contrario. Bien, pues están de acuerdo en un asunto más que sencillo: el relato occidental es una mentira como un piano.
En España ocurre algo similar. Aunque no lo pareciese, La OTAN siempre había sido mirada con lupa por personalidades como Julio Anguita o Josep Fontana, entre otros. Carlos Taibo, uno de los expertos españoles más relevantes sobre Europa del Este, escribió un libro inquietante sobre el conflicto en ciernes (de hecho, ha tenido que actualizarlo y publicar una nueva edición). De la misma manera, el corresponsal Rafael Poch, igual de prestigioso, lleva criticando la política occidental desde los años noventa.
Estos nombres son conocidos tanto en España como en Estados Unidos, pero podríamos sumar otros nada desdeñables a lo largo y ancho del viejo continente. Oscar Lafontaine, Sarah Wagenknecht, Jurgen Habermas, Emmanuel Todd, Yanis Varoufakis, Jeremy Corbyn... la lista es mucho más larga de lo que parece. Muchísimo más. Todos los mentados son figuras con una reputación, un conocimiento y unos argumentos estructurados. Diré más: a la inmensa mayoría no hace falta ni presentarlos.
Bien, pues sus opiniones importan un rábano.
Así, como lo leen. El apagón mediático al que está sometido la población europea es llamativo, inquietante y, sobre todo, un manotazo directo a la libertad de expresión y al derecho a la información para 450 millones de personas.
El pasado 25 de febrero, el previamente mencionado Jeffrey Sachs fue al parlamento europeo a dar una conferencia sobre la peligrosísima política exterior europea (Aquí tienen un resumen para quien no tenga tiempo para verla entera). Sachs, caiga como caiga, derribó todo el argumentario de la caquistocracia europea sin despeinarse lo más mínimo. En términos futbolísticos, les metió un 5-o y les enseñó la manita para despedirse.
Si los medios oficialistas realmente tuvieran la vocación democrática que afirman tener, habrían publicado a bombo y platillo la charla de Sachs. Pero, vaya por dios, no se ha hablado del tema. No obstante, las algaradas de Úrsula Von der Leyen, con sus 800000 millones de dólares para el rearme, abren todos los telediarios y se presentan casi como una buenísima noticia. Ya lo decían los Simpsons: aniram al ne etatsila (Alístate a la marina).
Hay un monopolio de la opinión. Salvo las honrosísimas excepciones de Juan Manuel de Prada y de Santiago Niño-Becerra, solo los belicistas tienen el privilegio de poder aparecer en los medios más importantes. ¿Va a decir usted alguna barrabasada sin sentido alguno? da igual, si es en favor de la OTAN, puede ir usted a reclamar Constantinopla en nombre de los Trastámara, que le van a reír la gracia.
| Yo solo leo a expertos, no sé ustedes. |
| Para desarrollar una comunidad autónoma hay que provocar la Tercera Guerra Mundial. Y atrévete a cuestionarles, que te mandan al rincón de los euroescépticos. |
El panorama mediático es insufrible, pero es que el panorama político es para entrar con cuatro mascarillas y traje de astronauta. Solo hay que ver esta entrevista a una ministra, en la que le hacen dos preguntas sobre la guerra de "si" o "no" y replica con un discurso inenarrable de 7 minutos. Los peores 7 minutos de la vida de cualquiera. Un minuto por cada círculo del infierno de Dante. El que se atreva a verlos que tenga el número de un neurólogo a mano. Para rematar, llega otro ministro y afirma que subir el gasto en defensa no repercutirá en el gasto social. ¿Cómo no va a repercutir, si va a ser una nueva partida que impedirá invertir en las deficiencias del actual estado social? claro, que te replicarán que el señor ministro es un "técnico" y usted un plebeyo que debería dedicarse a sus quehaceres.
Toda esta antología del disparate es aplaudida por la "izquierda" sistémica. Bien, pues tengo un tristísimo mensaje para ellos: están ustedes consiguiendo que los mayores chalados del planeta parezcan pacifistas.
Para una vez que acierto ...
ResponderEliminarYo quería recuperar la soberanía europea, no que los yankees abran fábricas para expoliarnos todavía más. Compañeros mártires de la corte, perros atados con longaniza, escuchando ahora mismo el sonido de cajas registradoras en loop en sus cabezas.
Lo de Extremadura ya "ma matao". De aquí a cinco años estaremos currando en la fábrica de munición ecosostenible de Andrew Rosenwald.
Todo sea por el progreso. Me cago en mis muertos.
Bueno, ya ha dicho el insigne presidente de las Españas que no es un rearme, que hay que llamarlo "salto tecnológico". No habrá distopía que acierte con 2025.
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