Gandalf pasa de Hegel.
Este blog tiene como objetivo la divulgación crítica de la política exterior occidental, así como una visión rupturista y contraria al capitalismo como sistema de creencias global. No obstante, hoy toca anunciar la creación de una pequeña unidad temática en la que analizaremos los elementos ideológicos que se esconden tras grandes obras. En este caso, hoy toca el libro preferido de un servidor: El Señor de los Anillos.
Un acercamiento mínimo.
Para entender de forma somera a lo que nos enfrentamos, es necesario aclarar una cosa: El Señor de los Anillos es objeto de miles análisis anuales, y, salvo sorpresa, seguirá siéndolo. Se trata de una obra escrita por un genio literario y filológico, cuyas dimensiones siguen trascendiendo en su género. Por lo tanto, no crean que en estas letras van a encontrar algo sorprendente sobre Tolkien, puesto que este servidor no es más que un aficionado a su obra, una obra que es investigada por académicos de renombre.
John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) provenía de una familia de clase media-alta inglesa. Pasó parte de su infancia en la periferia rural de Birmingham. A la edad de 23 años, se alistó como fusilero en el ejército británico. Presenció la batalla del Somme (1916). Perdió a varios de sus amigos en la Gran Guerra. Durante estos terribles años, Tolkien empezó a conceptualizar los elementos centrales de su Legendarium. A principios de la década de 1920, Tolkien ya era profesor universitario y un importante promotor de clubes literarios enfocados al folklore británico. En el año 1937, publicó El Hobbit bajo la insistencia de su amigo C.S. Lewis (el autor de las Crónicas de Narnia). Después, en 1954, publicó el primer volumen de la trilogía de El Señor de los Anillos, obra que lo llevó a la fama universal.
Este brevísimo repaso biográfico (hemos eliminado muchos detalles, puesto que la obra académica y literaria de Tolkien es muy amplia) es necesario para entender la finalidad básica de El Señor de los Anillos. Comúnmente, se cree que Tolkien escribió esta obra como una alegoría de su vida, siendo la comarca una suerte de utopía rural, los aliados, un guiño a la unión de hombres, enanos y elfos y, por último, el Mordor de Sauron como una semblanza de la Alemania industrializada y militarista. Todo esto es una leyenda urbana. Ciertamente, Tolkien debió recibir una notable influencia de sus experiencias, como cualquier autor, sin embargo, la intencionalidad que se escondía tras su obra es otra. En el mejor de los casos, la Primera Guerra Mundial funcionó como un condicionante ideológico del autor, pero no como el motor de sus escritos.
La primera finalidad de Tolkien era el amor al arte. Como lo leen. Tolkien se resarcía en el mundo fantástico que creó, y, de hecho, en un principio, lo empleó para contar cuentos a sus hijos. Después, si había una intención literaria. Él era un convencido de la genuinidad de la literatura que ahora llamamos "fantástica". Creía que los Cantares de Gesta y las leyendas clásicas del mundo anglosajón, como era la mitología germánica (Beowulf, el Cantar de los Nibelungos, los dioses nórdicos...) o el ciclo del Rey Arturo aun tenían una función que cumplir. En una época en la que la literatura, condicionada por las guerras mundiales, se había vuelto fatalista (Ulises de Joyce) o hedonista (el Gran Gatsby de Fitzgerald) , Tolkien volvió a poner el foco en la épica, la esperanza y las alegorías. Estas historias llevaban sin ser hegemónicas desde la irrupción de Dante y Petrarca. Los Hobbits la reanimaron con un electroshock.
El meollo ideológico.
La ciencia ficción y la fantasía suelen tener un marcado contenido político en sus páginas, ya sea implícito o explícito. Por ejemplo, Juego de Tronos o Dune dan para sendos artículos en este blog. Esto se debe a dos razones. Primeramente, porque los mundos ficticios necesitan de instituciones y de relaciones sociales, y, en segundo término, porque la ficción permite especular y opinar.
En lo que respecta a la trilogía que estamos tratando, la situación es muy particular, y, como recalcaba al principio, sigue siendo un objeto de debate. ¿Cuál es la intencionalidad política de El Señor de los Anillos? ¿es que Sauron representa algún tipo de tiranía específica? ¿Es que Aragorn es un canto a la internacional de los pueblos? hay posiciones enfrentadas al respecto.
No son pocas las voces que entienden que en el Señor de los Anillos hay una apología al fascismo. Puede parecer extraño, pero, tiene cierto sentido a simple vista. Debemos entender que el nacionalsocialismo simpatiza con el heroísmo, el esoterismo y la estética "medieval" (lo que ellos entendían por medieval). Además, si algo es remarcable en el imaginario de Tolkien es la separación entre las distintas razas. Y, por si fuera poco, hay una que está deshumanizada, como es el caso de los orcos.
De forma diametralmente opuesta, otros creen que este mundo mágico tiene un mensaje anarquista insinuado. Esta interpretación tiende a ver que el viaje de Frodo y Sam muestra un mundo oscurecido por la industrialización, mientras que la Comarca representaría un horizonte auto-gestionario ajeno a las guerras y la codicia humana, magnificada en el Anillo único.
En el III Reich existían sociedades ocultistas que promovían la simbología germánica. No tienen ninguna relación con la Tierra Media, pero puede llevar a la confusión a los profanos. Es el caso de la Sociedad Thule.
Lo siento por los de la sociedad Thule y por aquellos que ven un Kropotkin en Tom Bombadil, pero ninguna de estas es cierta.
La realidad ideológica de El Señor de los Anillos es más compleja. En los libros de Tolkien se mezclan dos tendencias muy claras. En primer lugar, se encuentra la filosofía más abstracta, casi religiosa, alegórica, de la que se impregna cada una de sus páginas. El Bien y el Mal están claramente diferenciados, y están por encima de todo. Hay una luz y una oscuridad, un propósito superior, algo por lo que vivir. Esto corresponde, claramente, a la intención de convertir la Tierra Media en una mitología, tan viva como hoy concebimos la Biblia o la Odisea. Para Tolkien, esto está muy por encima de mostrar un programa político inspirado en El Capital, la Riqueza de las Naciones o cualquier otra obra. Importante.
Realmente, lo que muestra Tolkien es una sociedad feudal clásica, en la que los lazos de servidumbre son ineludibles. ¿A qué viene ese tan cansino "Señor Frodo" de Sam a Frodo? a qué es su vasallo. Como puede verse, Sam no cuestiona su relación vasallática con Frodo, y, a la vez, Frodo trata con respeto y amistad a su vasallo. Y, para rematar este sistema, aparece la figura de Aragorn, un rey-filósofo, neoplatónico, que sirve a sus súbditos y dispensa la ley con justicia, como un Arturo en Camelot.
El modelo político-ideológico de la Tierra Media es una especie de feudalismo idealizado en la que perviven lazos comunitarios, austeros y tradicionales, que resisten frente a la opulencia y arrogancia sin cuento que representa la industrialización y la rapiña mordoriana. Hemos de entender que Tolkien era un tradicionalista muy favorable a la ociosidad.
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