un retrato incómodo.

 Europa saca músculo en público, pero su realidad política, económica, social y moral apunta a exactamente todo lo contrario. 

De nuevo, el viejo continente ha vuelto a atestiguar unas semanas convulsas. El 9 de mayo se cumplieron 80 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Dada la actual enemistad entre Rusia y la Unión Europea, ha habido dos celebraciones distintas, cada uno con su relato correspondiente. Europa ha pretendido, como es habitual, mostrarse como un muro infranqueable, basado en una potente unidad capaz de representar la libertad y la democracia frente a las crecientes autocracias. Y, por si fuera poco, también ha convocado manifestaciones para "defender Europa" en las capitales europeas. El logo europeísta ha aparecido hasta en los marcadores del Madrid-Barça.

90 minuti sin propaganda bruseliana son molto longo.

¿Está Europa para presumir? ¿es todo fachada? veamos, pues, la Europa realmente existente.

La geografía no miente: entre apagones y austrohúngaros.

La situación interna de los países europeos no refleja, en modo alguno, un refuerzo o una capacidad de proyección al exterior como para que la UE sea un actor trascendente. Por el contrario, encontramos rasgos de fragmentación, crisis, escasa transparencia e incertidumbre. Nos limitaremos a comentar algunas zonas concretas.

Empezamos por España. el 28 de abril hubo un apagón que dejó a la Península Ibérica sin electricidad durante horas. Este suceso, afortunadamente, no fue a mayores. Ciertamente, no son pocos los técnicos que llevan años advirtiendo sobre la posibilidad de que algo así ocurriera en España, los cuales, por supuesto, se han llevado una gloriosa etiqueta de "colapsistas", como es el caso de Antonio Turiel. Sea pues, el 28 se cumplió la advertencia. 

             Libro recomendable.

Del apagón podemos sacar alguna que otra conclusión. En primer lugar, que no es algo normal ni "resiliente", por mucho que los voceros habituales hablen del suceso como una ocurrencia cualquiera. De seguido, debe reseñarse que el sector energético francés no tiene voluntad de incrementar la interconexión con España, puesto que perjudicaría a sus intereses. Aquí ya encontramos un conflicto económico que desune a Europa. Pero no es lo único que debería alarmar. Lo que si que es para enarcar la ceja es ver a todos los actores implicados reuniéndose semanalmente para decir públicamente que es todo muy complejo y no podemos saber nada. Sin embargo, aun no sabiendo nada, también afirman haber aprendido la lección. ¿Cómo no va a crecer la desconfianza en las instituciones con estas afirmaciones inconexas? Nótese que esto no es una crítica a los técnicos (ingenieros, físicos, etc.) que trabajan por la estabilidad de la red eléctrica peninsular. A buen seguro que son excelentes profesionales. El problema está en las capas burocráticas y gerenciales que campan por tales pasillos, las cuales solo se enfocan en incrementar sus ganancias. En definitiva, el apagón evidencia los problemas internos de la cuarta economía del euro.

Es todo tan cansino.

Subimos un poco y nos encontramos con la que supuestamente es la gran potencia militar europea: Francia. Bien, pues la situación no es más halagüeña. Como bien es sabido, una de las fortalezas de Francia como país (si no la mayor) es su sistema energético, basado en abundante nuclear. ¿Y de dónde sale todo ese uranio? del control de los países del Sahel, en el centro de África. Puede parecer un dato extraño, pero Francia controla la moneda de varios de estos países, y, en varios casos, tiene botas sobre el terreno. Por desgracia, esta tesitura está cambiando peligrosamente, puesto que dichos países, como Níger, están empezando a expulsar al ejército francés de allí. Los mercenarios rusos están ayudando a ello. Por lo tanto, Francia no está para presumir de músculo militar, y le espera una década muy complicada en términos energéticos, con todo lo que esto suele derivar en lo político y social.

¿Quiere saber de donde viene la opulencia francesa? dé un paseo por aquí.

Vayamos a la locomotora de Europa, o, mejor dicho, a la exlocomotora: Alemania. El país germano se encuentra en una encrucijada. Su economía sufre un mal lapidario: la inflación de costes productivos. desde que se desconectó de la energía barata rusa, su producción industrial ha descendido a niveles alarmantes. De hecho, la recesión se ha convertido en la normalidad alemana. A medida que esta realidad ha ido aumentado, la AFD ha crecido en popularidad. ¿Casualidad? solo para los más ingenuos. ¿Y cuál es la respuesta de los gobiernos, medios de comunicación y viceversa? censurar a la AFD y redoblar la retórica belicista. Esta táctica del avestruz, lejos de funcionar, está convirtiendo a AFD en una fuerza atractiva, rebelde, incluso punkie. Enhorabuena a sus arquitectos ideológicos. Conclusión: el capitán del barco está entre Escila y Caribdis.

Verano de 2022. Estalla el gaseoducto que une Alemania con Rusia. Acto seguido, USA se convierte en el proveedor de Alemania. Seymour Hersh, pullitzer, responsabiliza a USA. Silencio mediático. el arqueo de ceja es inevitable.

En réplica a estos sucesos, la periferia europea se está moviendo...hacia Rusia. Hungría, Eslovaquia, Serbia o Rumanía no quieren sumarse a la deriva de las grandes economías europeas. En cuanto miran al este, se encuentran con que Rusia es un socio económico fundamental para sus países, además de estar lo suficientemente cerca como para evitar un choque militar. Estos gobiernos  desconfían de Bruselas, y no les faltan razones.

Sobre estos países, debe recalcarse un detalle. Hungría y Eslovaquia saben lo que es sufrir una invasión rusa (1956 y 1968). No son pro-rusos, ni similar. Saben donde se encuentran y a donde van. Sean de derechas o de izquierdas.

Ineptitud política, descenso energético forzoso, crisis económica, fractura social, disensiones internas e inestabilidad geopolítica. No hay fortaleza política de ningún tipo. Todo invita a pensar lo contrario.

La Comisión Europea: Trumpistas de centro.

Detrás de los distintos gobiernos que componen el mosaico europeo, la institución más poderosa de la Unión es la Comisión Europea. Este órgano, prácticamente desconocido para casi toda la ciudadanía (me incluyo), es el principal brazo ejecutor. Y esta comisión, al igual que Donald Trump en USA, tiene una máxima: no reconocer nunca los errores.

Es evidente que la guerra de Ucrania es un desastre. Los tratados de Minsk de 2014 fueron un fraude. En 2022, se boicoteó un tratado de paz en Estambul. Tres años después, ni las sanciones a Rusia, ni la fuerte resistencia ucraniana, han sido capaces de doblegar al régimen ruso. La lógica invita a pensar que la situación es insostenible. Pero, sin embargo, la Comisión Europea prefiere redoblar sus esfuerzos y planificar un rearme de ¡800000 millones de euros! el cual, por supuesto, no ha consultado con ni un solo ciudadano europeo. ¿Porqué hacen esto? porque son una clase gerencial que decidió hipotecar su futuro en una victoria contra Rusia. Y, como no ha salido, ahora no pueden reconocer su error públicamente.

En lugar de abrirse a un debate público sosegado, cívico, transparente y razonable sobre las aristas del conflicto, la Comisión, en connivencia con los medios generalistas, ya está elucubrando sobre promover una iniciativa mediática contra la desinformación ruso-china de otros 300000 millones. Los más avispados se estarán acordando del famoso Ministerio de la Verdad de 1984 de George Orwell.

Si una unidad política está tan convencida de sus argumentos, de su fortaleza interna, de sus virtudes...¿Porqué necesita señalar, silenciar y despilfarrar para convencer? 

La autoridad moral.

Ni la política, ya sea interior o exterior, ni la economía son el punto fuerte de la Unión Europea. Pero, cuando parece que todo está perdido, Europa siempre saca una carta presuntamente incontestable: los valores. Nadie tiene una ética, una tolerancia y un amor a la libertad como Europa. 

Y de repente, Gaza.

Israel, el tentáculo de occidente en Oriente Medio, lleva tres años perpetrando una masacre inconcebible. Una matanza indiscriminada que se graba a diario hasta en Tiktok, una barbarie que recupera los vicios coloniales y supremacistas del siglo XIX. Y el papel de Europa anadea entre la simpatía (Alemania, Hungría), el silencio cómplice (la inmensa mayoría de países) y el postureo (España). 

Aquí tienen a Netanyahu explicando en la ONU como crear un Lebensraum israelí. Por lo que sea, no ocupa portadas en la prensa europea.

Ni un solo país de la Unión ha sancionado a Israel con la celeridad que sancionó a Rusia al invadir Ucrania. Ni uno. La Unión Europea y Estados Unidos tienen golosos negocios con el país presidido por Netanyahu. De nada sirve reconocer la existencia de un estado palestino si permites que Israel liquide hasta las hormigas de Gaza, ya sea comprándole o vendiéndole armamento a destajo. Y es que Israel, duela a quien duela, es nuestro gendarme en Oriente Medio.

Gaza es la tumba moral de occidente. Todo el mundo lo ve a diario. Nadie se traga el mantra de los valores europeos después de atestiguar como un país de tradición, instituciones y peculiaridades occidentales se dedica a macarrear Oriente Medio sin mayor consecuencia que algún "eso está muy mal, Benjamín". Ni que mencionar del asunto sirio, donde un yihadista se hace fotos con los ministros de la izquierda europea (Albares, Ana Aelena Baerbock).




La epifanía de la hipocresía progre-liberal.
                                             

¿No me creen? miren ustedes cuantos países están en el BRICS, cuantos habitantes del globo representan, y compárenlo con nuestro bando (UE+países anglosajones+japón+Corea del Sur). El Sur Global, antes llamado Tercer Mundo, no se quiere arrimar a Occidente.

Como decía Julio Anguita, no somos más puros que nadie.

Para terminar.

La Unión Europea está viviendo de prestado. Si redobla sus esfuerzos en esta misma política, es cuestión de tiempo que el barril explote por cualquier lado, ya sea por una victoria masiva de partidos euroescépticos, por un colapso del frente ucraniano, o por un aumento de las tensiones sociales por las deficiencias estructurales (privatización de los servicios esenciales, encarecimiento de recursos básicos...) o por cualquier otro suceso inesperado.

Europa no está en un periodo álgido, sino que camina sobre un finísimo alambre, un claroscuro en el que los monstruos acechan con las garras afiladas. I walk the Line, como cantaba Johnny Cash. Lo peor de todo es que los artífices de esta tragicomedia van dando sermones por el mundo. Y  tenemos que aguantarlos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Momento Cartago.

Nadar en la Matrix (II): ¿Cómo piensan los estados?

MOAC (Mother Of All Crisis)