Son molinos, no gigantes.

 El declive de Estados Unidos no ha empezado esta década, tampoco la pasada. De hecho, no ha sido en este siglo.

"He venido a decirle al hombre indestructible que alguien quiere destruirle". Así advertía Rorschach, el sociópata del genial cómic Watchmen, al omnipotente Dr. Manhattan sobre los peligros que le amenazaban. Al igual que este antihéroe taciturno, muchas voces claman contra la evidente decadencia que está sufriendo el primer poder mundial. Sin embargo, no existe consenso real sobre su caída. ¿Ha sido en 2022, tras la invasión de Rusia a Ucrania? ¿en 2010, cuando se fundaron los BRICS? ¿O con la crisis de 2008? ¿O al derrumbarse la URSS? 

Los imperios no suelen caer de un día a otro. Y Estados Unidos no es una excepción. Por el contrario, es un caso paradigmático, un declive gradual, un descenso que va sin prisa...pero sin pausa. Para poder entenderlo, hemos de viajar ochenta años al pasado.

El punto álgido (1945-1970).

Cuando Hitler tuvo la gran idea de pasar a mejor vida y las bombas nucleares cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki, Estados Unidos recogió las ruinas de todo el bloque capitalista y lo reorganizó a su imagen y semejanza. USA asentó su hegemonía sobre tres pilares. 

Primeramente, la fuerza militar. Estados Unidos se convirtió en el gran gendarme global, una potencia naval con una flota oceánica capaz de presentarse en cualquier parte del planeta (aunque tuviera que negociar con la URSS de cuando en cuando). El poderío militar de USA se expandió de tal forma que actualmente dispone de más de 800 bases en todo el mundo. Nunca jamás una potencia tuvo este despliegue en la historia.




En segundo término, la fuerza económica. En la conferencia de Bretton Woods (1944), USA logró acordar que su moneda, el dólar, soportada por el patrón oro, sería la divisa vehicular de todas las transferencias internacionales. Política Sauron: Una moneda para gobernarlos a todos. Y, para reforzar todo esto, siempre estaba el FMI como garante de imponer las condiciones financieras que beneficiaran al imperio frente a sus vasallos. 




Por último, estaba la infravalorada fuerza cultural, el Soft Power. El Imperio se mostraba al mundo como un filántropo, un vendedor de bienestar, de alta cultura y de moral. Hollywood daba su versión particular de la Segunda Guerra Mundial, la Coca-Cola llegaba a todas las neveras familiares y el bello rostro de Marilyn Monroe se convertía en el icono de la cultura pop. Por si a caso, la CIA vigilaba cualquier disidencia. Y todo el mundo a hablar inglés: American Way of life. La romanización había empezado.



Empieza la caída (1971).

Aquí empieza realmente el artículo. Estados Unidos entra en caída en esta década. Si, sueña extraño datarlo en este año, pero si miramos con lupa cambia el asunto.

Estados Unidos entró en la guerra de Vietnam. Todos conocemos este caótico episodio tan criticado por la intelectualidad cinematográfica y musical estadounidense. El imperio se había metido en un fangal militar que solo causaba desgaste y un cisma social interno. Tras un sinfín de dislates, el imperio se marchó con el rabo entre las piernas en 1973. Cierto es que Estados Unidos ya venía de montar desastres militares en otros conflictos, como fue el caso de Corea, pero Vietnam vino a refrendar que USA no era omnipotente. 

Visionado indispensable.


Ídem. 

¿Entonces fue Vietnam el origen de todo? No, solo un síntoma. Estuvo vinculado a otro episodio. En medio del conflicto, en el año 1971, el presidente Richard Nixon decide desvincular el dólar del patrón oro. De repente, la moneda más importante del mundo se convirtió en una mercancía al servicio de la especulación financiera más salvaje. La inestabilidad estaba servida en forma de deudas, crisis y descontrol continuo. Esto se conoce como el Nixon crash.
Ejemplo de la genialidad propagandística estadounidense: la mayoría de la gente piensa que esta canción es una oda a USA. Por el contrario, es una crítica a la guerra de Vietnam. 

En Vietnam empezó el golpe a la fuerza militar, y en el Nixon crash empezó el golpe al poder económico. 

Ícaro, no vueles que al final te vas a quemar (1991).

Ver las cosas a toro pasado es muy fácil. Lo cierto es que tras estos hechos, por muy graves que fueran, la caída de Estados Unidos no era del todo previsible. Para más inri, el orgullo estadounidense se infló aun más en cuanto vio como la Unión Soviética se desmoronaba ante sus ojos. We prevail, como dijo George Bush padre.

En lugar de entender el suceso como una inmolación de la URSS y no como un triunfo de USA, el imperio decidió redoblar sus esfuerzos y colonizar económica, militar y culturalmente todos los restos del bloque comunista. Realmente, Estados Unidos era incapaz de asumir que les tocaba reorganizar el mundo, arreglar el cambalache de Bretton Woods y, en fin, realizar concesiones a otros países. Sin embargo, prevaleció el lema Non Sufficit Orbis, "el mundo no es suficiente". Había que redoblar los esfuerzos en algo que ya estaba gripado y obsoleto. El mundo de 1991 no se parecía nada al de 1945, pero el imperio iba a lo suyo. 




1991 fue una oportunidad desaprovechada. Una borrachera de falso éxito, un espejismo. Mientras las finanzas norteamericanas duplicaban sus ganancias por todo el globo y las armamentísticas montaban pifostios inasumibles en Oriente Medio, África y donde quisieran, las semillas de un futuro nuevo orden habían sido plantadas. 

La disonancia cognitiva imperial fue tan absurda que Francis Fukuyama, uno de los intelectuales orgánicos del Pentágono, llegó a publicar un libro en el que afirmaba que la historia, como tal, se había terminado. 

Se atribuye a Eurípides una cita sobre la arrogancia: A quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.


Las consecuencias las conocemos todos. En lo político-militar, Estados Unidos mantiene su racha de desastre tras desastre, con el inestimable apoyo de sus perritos falderos europeos y su vástago rabioso israelí. En lo económico, el Sur Global se mueve contra la hegemonía del dólar y los abusos del FMI, apoyándose así en el BRICS, la asociación de cooperación de Shanghái o la Ruta de la Seda. 

Solo hay que ver como Rusia ha sido amenazada militarmente y sancionada económicamente con hasta diecisiete paquetes de sanciones y el régimen de Putin no ha caído. Este esquema se está repitiendo con Irán y parece que se repetirá con China. Otro mundo, otra realidad. Como diría Keynes, cambian los hechos, cambian las opiniones. En la Casa Blanca igual creen que Keynes es un jugador de Baseball o un superhéroe de Marvel.

No se entienda esto como un elogio al bloque BRICS, puesto que en este se mantienen los vicios imperialistas de "nuestro" bando. Solo son comentarios analíticos. ¿Rectificará Estados Unidos? con los datos en la mano, parece que no. ¿Y los euro-peones que harán? mejor ni mencionarlo, pero lo vas a pagar con tus impuestos.

Epílogo: This is the end, beatiful friend.

Jim Morrison, el genial cantante de The Doors, fue un icono del movimiento contracultural estadounidense, coetáneo de la guerra de Vietnam. Según un reciente estudio, es sabido que el FBI, con su paranoia persecutoria de todo aquello que fuera sospechoso de "comunista", hizo la vida imposible a este gran artista. 

¿Cuándo murió Morrison? En el 1971. ¿Cuándo hemos dicho que empieza el declive? en 1971. Sabemos que al bueno de Jim le gustaba el esoterismo y las bacanales. Era todo una pintura negra de Goya. Soñemos con que, como los templarios con la dinastía capeta, Jim Morrison murió para echar un maleficio sobre el imperio estadounidense y su soberbia.




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