La tapada de las distopías.

 Porqué deberías leer Watchmen, de Alan Moore.



Cuando se habla de distopías, es normal aludir a la tríada 1984, un mundo feliz y Fahrenheit 451, además de otras obras actuales, como Black Mirror o El cuento de la criada. Sin embargo, hay una novela gráfica inmortal que, de manera inintencionada, puede servir como parodia o crítica del presente. Ciertamente, en este blog la hemos mencionado varias veces. Estoy hablando de Watchmen, del genial Alan Moore.



Para poder explicar esta obra, es preciso hacer unas aclaraciones, pues como todo gran escrito, sigue reinterpretándose en la actualidad. El debate en torno a Watchmen es tan cómico que hasta el propio autor ha aparecido públicamente varias veces para recalcar que se le ha dado importancia excesiva, y lo ha hecho con tanto hartazgo que ha llegado a decir que odia su propia obra. Esto, aunque suene peculiar, forma parte de la genialidad de Alan Moore, un autor creativo que nunca sabes cuando va a hacer una obra sobre esoterismo, anarquismo o una parodia. Un icono en lo suyo...aunque sea complicado explicar que es "lo suyo".

Moore nace en el año 1953 (Northampton, UK). Desde los años 70 empieza a trabajar como historietista en compañías de cómics. Salta a la fama cuando publica V de Vendetta en la década siguiente. Tras este y otros éxitos, se muda a USA, donde le ficha DC Comics. Moore hace notables aportaciones en comics míticos de esta compañía (en mi opinión, los pocos que son para adultos) y llega al culmen cuando publica Watchmen (1987).

Esta historia es ajena a cualquier visión convencional acerca de los superhéroes o del fenómeno moderno de Marvel. De hecho, es pertinente señalar que Zack Snyder cometió un grosero error al tratar de llevar Watchmen al cine como si de una historia épica se tratara. 

Nuestra obra se ubica en una ucronía en la que USA ha ganado la guerra de Vietnam...con la ayuda de superhéroes. Después de esta "gran victoria", el grupo de supers, los vigilantes ("The Watchmen") se separó de una manera polémica al estilo Beatles. Pero, llegados al 12 de octubre de 1985, un asesinato de uno de los antiguos miembros, el Comediante, vuelve a entrelazar sus historias en torno a una supuesta conspiración mundial. 

La mención de la distopía y los superhéroes puede recordar a The Boys. Pero no, no existe parecido entre ambas. Ciertamente, The Boys no habría existido sin Watchmen, pero la caracterización de los superhéroes es bien distinta. Watchmen tiene una estética Pulp, oscura, propia de unos tiempos precarios. No cabe optimismo en la Nueva York de esta obra. Y, además, los superhéroes, salvo uno, no tienen poderes como tal. De hecho, son figuras que anadean entre el ostracismo y el estrellato mediático.  En The Boys, los superhéroes son como futbolistas o estrellas de Hollywood que gozan del favor de los medios de comunicación. En Watchmen, casi todos son figuras repudiadas por los movimientos antibelicistas, dado su carácter represivo y la incapacidad popular para fiscalizar su actividad. De ahí el lema "¿Quién vigila a los vigilantes?". Hay cierta conciencia (tampoco unánime) contra el superhéroe, significado como un apéndice del estado, mientras que en The Boys esto se va induciendo gradualmente.

En este ambiente extraño, caben destacar una serie de aspectos que hacen de Watchmen como algo de rebosante actualidad:

El reloj del fin del mundo.

Solo hay un superhéroe con poderes como tal. Y son, como diría Gabino Diego en Amanece que no es poco, omnímodos. El Doctor Manhattan es un ente cósmico que tiene capacidad para hacer lo que le plazca. Es uno con el universo. Indistinguible de un dios. Si se aburre, se teletransporta a Marte para quedar sumido en sus pensamientos. Comprende la realidad de una forma que el resto de mortales no pueden asumir. Gracias a su omnipotencia, USA derrotó al Vietcong y tiene a la URSS contra las cuerdas. Manhattan está por encima de cualquier fuerza militar. Esto bien podría significar que la paz está más cerca que nunca, pues Manhattan tendría que ser una disuasión frente al enemigo, pero, sin embargo, los expertos acercan el reloj del juicio final a las 12 en punto a cada paso que da. 



Hay muchas formas de interpretar al Doctor Manhattan. Una de ellas puede ser hasta teológica. Pero yo voy a rescatar una más concreta: la idea de que tener mejores armas conduce a la disuasión es una trampa autodestructiva. La guerra conduce a la guerra.

Ozymandias.

Para mí, este personaje es una de las maravillas de Moore. Adrian Veidt es un multimillonario que, durante un tiempo, formó parte de los Watchmen bajo el nombre de Ozymandias. Tras su retirada, destaca como figura mediática, empresario de éxito y como un referente social. Se considera a si mismo, literalmente, el hombre más inteligente del mundo y hace gala de ello. Está obsesionado con Alejandro Magno, a quien considera su igual. Es un megalómano fervientemente convencido de que sus ideas salvarán al mundo de cualquier hecatombe.


Sin intención ninguna, en 1987 Alan Moore predijo como iban a ser, paso a paso, rasgo a rasgo, la generación de tecnomillonarios de nuestro tiempo. Los paralelismos entre Musk y Ozymandias son tan precisos que inquieta.



Rorschach y QAnon.

Entre los personajes más inolvidables y polémicos está Rorschach. Este, en lugar de retirarse, se mantiene como justiciero nocturno, y su metodología sanguinaria provoca que hasta la policía esté constantemente buscándole. Pero Rorschach no se percibe como alguien inmoral. De hecho, él cree en una gran conspiración en la que solo su labor puede librar al mundo de sus horrores. Es una especie de Don Quijote del Pizzagate.



Cuando uno ve a Rorschach, es imposible no pensar en ese amigo tuyo que, azotado por la precariedad laboral, el embrutecimiento mediático-algorítmico y los sinsabores del mundo moderno, ha abrazado tesis conspiranoicas. 

Paradojas.

Insisto. Alan Moore no quiso hacer una distopia como tal. La intención de su obra, la cual ha tenido que aclarar ante oleadas especulativas, no era otra que describir como de patético sería el mundo si realmente existieran los superhéroes. Pero, la obra resulta ser tan, tan, tan afilada, tan original y tan buena que puede extraerse jugo desde cualquier perspectiva. Cómic de extrema vigencia, ya sea para el entretenimiento, la reflexión o ambas. En el caso de este artículo, hemos querido apuntar sus elementos de extraña actualidad y, ya de paso, animar al público a leerla.







Comentarios

Entradas populares de este blog

Momento Cartago.

Nadar en la Matrix (II): ¿Cómo piensan los estados?

MOAC (Mother Of All Crisis)