El pato Donald en Ctesifonte.
Una visión panorámica de la guerra de USA contra Irán.
Los nacionalismos occidentales se auto-identifican con Grecia y Roma como paradigmas civilizatorios. Si algo tenían en común ambos es que cada vez que uno de sus gobernantes metía la pata en Persia ocurrían auténticos terremotos históricos. La historia no se repite, pero rima. Y el régimen de Epstein quiere bailar sus versos.
Vamos a intentar analizar lo que está ocurriendo. Aunque debe decirse de antemano que esta guerra es mucho más caótica que la ruso-ucraniana, y más desde un análisis global, pues puede acabar con la economía mundial. Hay semanas en las que pasan décadas. Y probablemente estamos asistiendo a una de ellas. Como diría Jack el Destripador, vayamos por partes.
El emperador romano Valeriano se arrodilla ante el emperador persa Sapor I tras ser capturado en batalla.
1. El monstruo va sin careta.
Los amigos de Epstein siempre justifican sus tropelías militares con admoniciones en vacío al derecho internacional, como si este fuera una especie de dios animista, el espíritu del bosque de la paz y los valores. Bien, pues esta vez, en consonancia con la cutrez y obscenidad que acostumbra a la presente administración de USA, ha sido distinto. Hemos de reconocerles que no se han cortado un pelo. El mismo 28 de febrero, en medio de unas negociaciones con Irán, decidieron atacar a dicho país.
Luego está el tema del velo y de las mujeres iraníes. Tras años, años y años hablando de las imposiciones a la mujer en Irán en todos los telediarios de occidente (debe de ser el único país musulmán en el que esto ocurre sistemáticamente), lo primero que nos encontramos es que el Epsteinato ha bombardeado una escuela con 160 niñas primero. Grotesco, diabólico, pesadillesco.
Conclusión: Definitivamente, al imperio ya no le importan ni los mínimos modales. No se les puede echar en cara que estén mintiendo. Van a cara descubierta y arrasando con todo lo que tienen por delante.
2. Sobre los ¿objetivos? estratégicos de USA.
Las guerras no se hacen porqué si. Detrás de una guerra, hay metas políticas y planes estratégicos. En el caso de este conflicto, estamos frente a una nube negra, color petróleo, para ser más exactos, que dificulta la comprensión de todo.
El descabezamiento de los regímenes adversos es una estrategia típica de USA. Lo han hecho en Siria vía Israel y lo hicieron recientemente con Maduro. Han tirado de método deductivo y han reproducido la misma lógica en un país cuya población tiene dos arraigos concretos: la resistencia religiosa (el chiismo, religión oficial de Irán, es la rama minoritaria del Islam desde el siglo VII. Se dice pronto) y el nacionalismo, generalmente enraizado en su pasado persa. Estas dos tendencias pueden ser independientes, pero cuando ataca un invasor con la crudeza propia de los amigos de Epstein puede ocurrir un efecto adverso. En lugar de que los iraníes se vuelvan contra sus gobernantes, pueden cerrar filas y alinearse contra el invasor. Irán es un país muy, muy, muy complicado. Su relieve es muy variado y tiene varias etnias. Por consiguiente, no parece buena idea matar a su líder religioso en su casa, junto a sus familiares y en un ambiente de clara desprotección que le va a elevar a la condición de héroe nacional durante generaciones. El asesinato de Alí Jamenei, más allá de su carácter bárbaro, es una operación chapucera, contraintuitiva y temeraria.
Con esta acción, los epstenianos pensaron que las contradicciones internas del régimen de los ayatolás se dispararían y su población se alzaría en armas. Salvo sorpresa, eso no ha ocurrido. Esto provoca que la operación militar no dure 4 días, sino que se convierta en un quiste mucho más maligno que el ucraniano. De repente, lo que parecía un entrenamiento se convierte en un derbi. Esto causa que el plan de USA pase a una fase aun más caótica, basada en bombardear refinerías, desalinizadoras, hospitales, museos, centros académicos, etc. Doctrina de Shock en vena. Golpear, golpear y golpear.
Pasa la semana e Irán sigue. Y, por si fuera poco, devuelve golpes. El régimen de Epstein trata de lanzar mensajes de tranquilidad a los mercados, con Trump anunciando a bombo y plantillo que la guerra está ganada. Mientras tanto, siguen buscando que bandas armadas de kurdos y baluches entren en Irán a provocar más caos. Pero no ocurre. Además, intentan implicar a Turquía, que no cae en el cebo. Solo Israel y USA quieren entrar en el avispero persa. Y, otra semana después, seguimos con declaraciones contradictorias y la inmensa mayoría de los dirigentes occidentales intentan salvar la cara, pues saben que esto no es como en Ucrania, que de Persia pueden volver con cajas de pino y sin gas natural. Y eso, eso da pavor a una élite política que no le cae bien a absolutamente nadie en el viejo continente.
Conclusión: USA no tiene plan. No es descartable que esta guerra haya empezado porque el estado innombrable los haya arrastrado. Y sus vasallos, esos que se auto-llaman "faro del mundo" (A man who says "I am the king" is not a real king", Tywin Lannister dixit) están temblando de miedo.
3. Los objetivos de Irán.
Con Irán tenemos un problema de base en Europa. Los medios de persuasión describen al país como un descampado de descerebrados y fanáticos religiosos obsesionados con la bomba nuclear y con un comportamiento indistinguible del ISIS. Como siempre, las cosas son un poco más difíciles.
En primer lugar, es evidente que Irán lleva dos décadas preparándose para esto. Es de dominio público que Israel quiere culminar un proyecto colonial-expansionista en Oriente Medio, siendo Irán el último impedimento. Tanto es así que Netanyahu ha dicho que en esta guerra va a determinarse que su país se convierta en potencia regional "o incluso mundial". Luego, a Irán, en términos sabineros, le sobraban los motivos para tener un ojo en Tel Aviv. Por otra parte, USA necesita estrangular a China para cuando intente enfrentarse a ella, por lo que caotizar un país que tiene rutas euroasiáticas fundamentales para la Ruta de la Seda y que lleva el 80% de su petróleo al gigante asiático tiene su lógica geoestratégica.
La estrategia iraní es meridianamente clara. Consciente de que sus agresores necesitan una victoria rápida, los desgasta por partida doble. Por un lado, emplea un modelo industrial militar de bajos costes y producción masificada (los famosos drones) que satura a sus enemigos, cuyos complejos militares son exactamente lo contrario. Y, por si fuera poco, juega la carta que todos temían: cierra el estrecho de Ormuz, por donde pasan el 20% del gas natural, el 20% del petróleo y 1/3 de todos los fertilizantes del mundo. De un día para otro, la globalización está en jaque. El petróleo pasa de los 65 dólares/barril a los 100 en dos días, y con previsión de llegar hasta 200, lo que ni me atrevo a afirmar que causaría. La comparsa Epstein se encuentra en una encrucijada. No puede mantener la guerra a largo plazo, ya que los costes son altísimos, y más habiendo Midterms en noviembre, pero, claro, tampoco pueden volver con una clara derrota. Mientras, el tiempo juega en su contra.
Aparte de esto, Irán también juega otras cartas secundarias, pero no menos importantes. Los bombardeos a los países árabes (Kuwait, Bahrein, etc.) no son caprichosos. En ellos, se encuentran no solo bases norteamericanas, sino negocios de todo tipo. Estos países son estratégicos para el dominio de la península arábiga, e Irán los ataca con fiereza para que dejen de serlo. Piensen, simplemente, en la bola de nieve que puede causar si de repente todos los precios inmobiliarios/turísticos de Dubai caen de un día para otro por estos sucesos. Por si pareciese suficiente, también hay, aun, otras tretas que puede urdir Irán. Aparte de su ejército, tiene influencia en milicias como Hezbollah o los Hutíes de Yemen, entre otros. Estos últimos, en un momento dado, podrían cerrar el estrecho de Bab el Mandeb, lo que sería el probable golpe final a la globalización tal y como la conocemos.
Hay quien se pregunta si Irán está recibiendo ayuda de Rusia o China. Se habla, aunque no es oficial como tal, de que los radares chinos están ayudando a la maquinaria bélica iraní. Aun así, debo recalcar que ni uno ni otro tiene necesidad de intervenir, pues no tiene sentido interrumpir a tu enemigo cuando está cometiendo un error. La situación es tan estrambótica que Trump ha pedido ayuda a la propia China para reabrir el estrecho.
Conclusión: Irán juega con el tiempo a favor y lo sabe. Por eso va guardándose cartas y dando golpes muy concretos.
4. Sobre el "no a la guerra".
Ya nos hemos explayado lo suficiente con la geopolítica. Ahora, aterricemos el tema a lo que nos concierne. Con la geopolítica personalizamos a los países, pero la gente, los muchos, nuestra clase social, que está en todo el mundo, tiene algo que decir al respecto.
En España, la izquierda oficial ha vuelto a sacar el lema "No a la guerra" para criticar esta contienda. Ya ocurrió con la invasión de Irak, y, afortunadamente, la participación ciudadana provocó que se retirasen las tropas de allí. Ahora bien, ese mismo gobierno apoyó la misma tropelía en Libia. No es moco de pavo.
"No a la guerra" en abstracto, en el vacío, como solía decir Anguita, significa poco o nada, simplemente, sirve como lema que mide el termómetro social y hace cálculos electorales. Claro que hay que estar contra la guerra, pero si vives en Europa no puedes disociarla de la OTAN, que es la organización militar que enlaza todo esto.
Si la cesta de la compra está cada día más cara, si la vivienda es inaccesible, si la educación cada vez es peor, si las infraestructuras básicas están siendo abandonadas, si la cultura está siendo destruida a pasos agigantados, si los medios son una basura...es porque usted está entrando en un régimen de guerra capitalista. El resto de explicaciones son gilipolleces. Así que le invito a usted a organizarse contra ello, pues no será el partido político de turno el que lo haga. Y menos el que le metió en la OTAN.
Comentarios
Publicar un comentario