Sobre Julio Anguita.
El histórico líder comunista vuelve a estar de moda en redes sociales y medios de comunicación. Parece una buena noticia, pero el diablo se esconde en los detalles.
No hace mucho, Macarena Olona afirmó en una entrevista que Julio Anguita era uno de sus referentes. Esta señora no lo hizo "en el vacío" (quédense con esta expresión mientras se hable del protagonista de hoy), sino que sus declaraciones se enmarcaban en un contexto mediático y digital, en el cual los discursos de Anguita habían vuelto a ser Trending Topic. Y, por extraño que suene, esta tendencia no viene de grupos de izquierdas, que, de hecho, nunca han olvidado a Anguita. Por el contrario, quienes están volviendo a sacar vídeos de Anguita son grupos "apolíticos" o, en su defecto, de extrema derecha.
Por supuesto, los famosos recortes en los que se reivindica a Anguita no son aquellos en los que habla de la Unión Europea, o del desarrollo desastroso de la globalización, o de su reivindicación del papel de la URSS como primera alfabetizadora y sustentadora de un pueblo acostumbrado a la tiranía feudal. En su lugar, el Anguita reivindicado es el "honesto", una especie de figura sabia que habla de cosas abstractas y no robó nunca un duro, a diferencia del PSOE, el PP y compañía. Por si fuera poco, hay mucha gente de izquierda que al ver a Anguita se sube al carro de reconocerle como esta especie de Maestro Yoda andalusí. Buena trampa nos han tendido, y en buena trampa caímos.
Enarbolar a Anguita como un héroe de la honestidad obedece a dos operaciones ideológicas. Por un lado, se busca fomentar una suerte de discurso anti-político, en el que todo se base en "buena gestión" y la "honestidad", valores inalcanzables por la corrupción imperante en nuestras instituciones. En otras palabras, está siendo instrumentalizado para aupar proyectos autoritarios, cosa, que, por cierto, no son nuevos en una Europa que lleva siendo 30 años gobernada por tecnócratas ultra-liberales.
La segunda razón que lleva a revivir al Anguita "honesto" es la de neutralizarlo. Esta no es, para nada, nueva. Si uno ve las entrevistas que le hacían (cosa que recomiendo), Anguita siempre fue presentado ante los medios como un tipo muy honesto, muy honrado pero, sobre todo, un vendedor de quimeras, un patrocinador de proyectos políticos "Muy bonitos en la teoría", pero impracticables en la vida real, un romántico irracional que se niega a hincar la rodilla frente a la "moderación" y el "sentido común" de los favorecidos por la Mass-Media. Y, a decir verdad, les salió bien. Anguita llegó a ser elogiado como "honesto" por Eduardo Inda, para que se haga el lector una idea de lo que estamos hablando.
Lo peor que se puede reivindicar sobre Julio Anguita es que era honesto. Entiendo que suene chocante, pero este asunto no es más que una obviedad de su figura. Políticos honestos habrá muchísimos en diputaciones, sindicatos, ayuntamientos, o, incluso, en el congreso. Y los habrá de derecha y de izquierda. Que los abetos no os impidan ver el bosque. Las cuestiones importantes de Julio Anguita son otras. Hablaré de ellas.
1. Ni profeta ni leches.
Julio Anguita fue un político clarividente en sus análisis. Desde los años noventa hasta sus últimos días, encontramos predicciones suyas que se fueron cumpliendo una por una. Cuando se firmó el tratado de Maastrich (1992), por el cual se regulaban las bases actuales de la UE, fue notablemente crítico respecto a su disparidad política, económica y financiera. 2008, llega la crisis. No se le hizo caso, porque era un mesiánico y un nostálgico, a diferencia de sus contrincantes ideológicos, que se habían bañado en los calderos mágicos de la competitividad y los mercados. De aquellos polvos, estos lodos.
En la década del 2010-2020, Anguita se familiarizó con los conceptos ligados al agotamiento de recursos estratégicos, la ecología y la necesidad de aunar distintos proyectos ideológicos en una futura desobediencia civil pacífica. Más allá de la discusión programática que puede haber en torno a esto, encontramos, pues, a un Anguita actualizado a los problemas de su tiempo, anticipándose, claramente, a las guerras que estamos viendo con nuestros propios ojos. Ni que decir sobre la OTAN y sus fechorías, que siempre estuvieron en el foco de su visión global.
Se produce un fenómeno espectacular. Uno observa las predicciones de Anguita y encuentra una larga lista de aciertos. ¿Porqué? porqué él, historiador y profesor, siempre reservaba horas diarias para el estudio. No era un mago, sino una persona que en todo momento se cultivó intelectualmente para, como servidor público que era, ofrecer las respuestas más concretas y concisas posibles a la ciudadanía. Anguita era un estudioso incansable, no un diletante ocioso que hablaba de paz y amor en medio de la nada.
2. Concreción.
Esta virtud pasa desapercibida hasta para muchos de sus admiradores acérrimos. Es frecuente encontrar a ideólogos, académicos y políticos dando discursos combativos, pero, cargados de evocaciones abstractas. Evidentemente, la política tiene un elemento de emoción, de apelación a lo intangible, pero si no se buscan sustentos materiales, se queda en una simple vacuidad. Él siempre decía que no se debían juzgar las cosas "en el vacío"; sino que todo debía ubicarse en su contexto y con sus parámetros correspondientes. Recomiendo este debate para profundizar en esta visión suya, que es mejor verla en sus propias palabras.
Como decía aquel, análisis concreto de la realidad concreta.
En este aspecto, Julio Anguita está muy, muy, muy, pero que muy, por encima de cualquier político en España. O por lo menos, de los representantes más mediáticos.
3. Cuando nos enseñó el abismo.
Los líderes políticos son profesionales en el mesianismo. Sean del partido que sean, está más que normalizado que cualquier caudillito afirme "cuando llegue yo, esto se acabará", como si el gobierno fuera sinónimo de poder. Os contaré un secreto: no lo es.
El poder tiene mil caras. Está en la política, claro. Pero también en la economía, en la cultura...y en la sociedad. Anguita siempre decía que al pueblo había que decirles la verdad aunque le doliera. No había que ir a por votos, sino que tenía que realizarse un ejercicio de transformación en la vida política de la ciudadanía, es decir, era necesario crear un contrapoder, basado en la implicación de la clase trabajadora. Él nunca renegó de las instituciones, pero si fue certero a la hora de matizar sus competencias y de explicarle al pueblo cuales eran sus responsabilidades. "Si usted me vota, pero el domingo que toca estar en la calle, te quedas viendo el fútbol, mejor no me votes". Realidad dura y palmaria, él nunca buscó "caer bien", sino generar transformaciones sociales y políticas profundas, implicando a quienes debían ser protagonistas de ellas.
"Padme, el amor no te salvará", decía Anakin Skywalker a su mujer sobre su futura muerte. Bueno, pues Julio Anguita nos decía "pueblo mío, el político no te salvará". Y aquí seguimos, que a cada año que pasa, votes a quien votes, peores son tus condiciones materiales.
4. La calma.
Lo explicaré con fútbol. Messi tiene algo que no tiene nadie. En el momento de mayor tensión de un partido, es capaz de poner el balón en el sitio adecuado, con la finura requerida, y dónde los compañeros solo pueden cogerlo en situación beneficiosa. Eso, entre otras cosas, lo convierten en el mejor jugador del mundo (y no sé si de la historia).
En términos discursivos, Anguita tenía esa virtud. Los debates televisivos, que es donde él tenía que aparecer como figura política, están claramente viciados en nuestro país. La cantidad de mentiras, interpretaciones torticeras, amarillismos, incultura, desconocimiento y cuñadismo que se ve en este espacio es insultante para una sociedad que se llama civilizada a sí misma. Mantener la calma, seguir siendo concreto en el fragor de la discusión pública no era una cualidad "en el vacío" de Julio Anguita, sino que respondía a una actitud que muy pocos tienen (El que escribe esto, de hecho, no la tiene). Y es que Anguita tenía una conciencia permanente de que debía predicar con el ejemplo, de que no debía alterarse ante aquellos que vivían de intentar provocarle un renuncio en público. Pero él nunca cayó. Siempre mantenía sus argumentaciones claras, pues entendía que lo importante era, de nuevo, ser concreto.
5. Sobre sus propuestas.
En una era en la que la izquierda, al calor de la caída del telón de acero, abrazó acríticamente la globalización capitalista y el vergel de los mercados, Julio Anguita siempre promovió un programa que replicase en clave combativa. Ahora, habrá quien diga que no ganó elecciones, o que no tuvo impacto. El problema es que no ser votado no tiene nada que ver con tener razón. Y él la tuvo muchas veces. O, por lo menos, la busco bajo criterios materiales, no bajo las lógicas del electoralismo, del chiste fácil o del Zasca que tanto celebramos de los dirigentes de nuestro tiempo.
Conclusión: Julio Anguita no era honesto en vacío. Eso es infantilizar a una figura de mucho mayor calado. Julio Anguita era un gran combatiente, y, en tanto que era un gran combatiente, también fue honesto. No debemos, tampoco, ponerlo en un altar y decir que nadie le llega a la suela del zapato, pues, aunque tenga su parte de cierto, no habría nada más contrario a su forma de pensar que crearle un culto personalista.
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