Teoría depredadora.
Otra visión inquietante sobre el panorama actual.
No hace mucho, escribí un artículo en el que explicaba, de forma básica, que USA había podido entrar en una zona de desequilibrio y descontrol, fruto de su ataque contra Irán. Sospecho que esto no era un análisis errado. Ahora bien, veo circular ciertos rumores, ciertos conceptos, que no puedo soslayar. Por consiguiente, voy a lanzarme una contra-teoría.
Puede que ambas sean correctas, o que tengan elementos parciales, o, simplemente, las dos estén equivocadas. Confieso que, frente a esta hecatombe, la zozobra me llega al cuello.
Contaban los griegos que Cronos, rey de los titanes, escuchó una profecía en la que la que sus hijos terminarían destronándole. Aterrorizado por la idea de perder la corona, decidió comerse a todos sus vástagos según iban naciendo. Cronos podría haber evitado el acto sexual con su mujer y así no habría tenido hijos. Pero, ciertamente, la carne es la carne, debió de pensar. Un hombre sujeto a los pasiones, como dice el campesino de Amanece que no es poco. Me detengo aquí. La parte en la que Zeus le destrona no es relevante para lo que voy a explicar. Que sobre dioses griegos ya he escrito un libro (perdonad la auto-publicidad). El caso es el vicio de Cronos.
La energía, la economía y la geopolítica son interdependientes. En el momento actual, son prácticamente lo mismo. Plantear modelos explicativos que no vinculen estos elementos es analizar en vacío. Cosa que, por cierto, gusta mucho a nuestras televisiones ("Putin quiere, Trump dice, Xi Jinping piensa...").
Evidentemente, los hay quienes saben más de una de las tres y demás. Yo en mi caso, provengo de la historia. Pero, en el mundo de la energía, me he encontrado varias veces, a varios autores que plantean lo siguiente: Estados Unidos no (solo) está en una guerra por la hegemonía, sino en una guerra de consumo. Su objetivo es reinar impidiendo que otros puedan consumir lo que ellos necesitan. Es un darwinismo geopolítico llevada hasta la última de sus consecuencias, con Donald Trump como simple -y grotesca- cara visible. Al igual que Cronos, sabe que el trono tiembla, pero no quiere y no puede parar de, perdón por la expresión, follar. Problema: los demás también quieren. Y en la habitación llamada capitalismo no hay para todos, porque todos viven en un estado de celo, en un rito orgiástico llamada crecimiento económico.
Entonces, Estados Unidos, o mejor dicho, su clase dominante, empieza a mirar el mapa, y se percata de que su principal socio (o lo que sea), la Unión Europea, es un consumidor muy serio, un posible competidor. Tiene industrias, finanzas y una moneda muy potente. Y, para rematar, esta bien pegada a Rusia, que tiene energía abundante y barata. Entonces, Estados Unidos tira de sus artimañas y provoca una guerra en el corazón de Eurasia, Ucrania, y, por si a caso, destruye el gaseoducto que conecta Alemania (el gran semental europeo) con Rusia. De repente, se complica que Europa pueda seguir consumiendo con tanta facilidad.
Europa vadea la situación de manera cutre y regulera, pues acepta la imposición norteamericana. Aun así, todavía quedan otros nodos económicos y comerciales que pueden asegurar la supervivencia, el campo de alimentación, del que se sustenta. Está, por ejemplo, el estrecho de Ormuz. De repente, Estados Unidos entra en una guerra que es, en términos militares, una incoherencia y una estupidez propia de un niño de quince años. Y mire usted por donde, que Europa se acaba de quedar a dos velas. El abastecimiento del petróleo, los fertilizantes, y el gas natural se tambalean en solo dos meses de guerra.
Pero Europa aun no ha caído, sigue pudiendo consumir. Y consume. Pero con una condición: cada vez dependerá más del suministro energético de Estados Unidos, que es mucho más caro que el de Rusia o el de toda la región de Oriente Próximo. Luego, las posibilidades de consumo de Europa (sobre todo, a largo plazo) se van a reducir drásticamente. Y, por si fuera poco, el amo americano, si se ve en necesidad de priorizar el consumo nacional, puede cerrar el grifo al vasallo europeo y matarlo definitivamente.
Es decir, los objetivos de las guerras de Irán y Ucrania eran 1) disciplinar, 2) debilitar y 3) devorar a Europa.
No nos apresuremos. Uno puede pensar que Europa puede volver a estrechar lazos con Rusia y así recuperar el abastecimiento energético. Por poder, puede, pero no es probable que vaya a ser un socio estable, pues tiene malas relaciones con ella y, encima, está desviando su maquinaria exportadora hacia Asia.
La consecuencia es clara. El pez grande ha devorado al no tan grande sin miramientos ¿Qué puede hacer Europa? replicar la táctica de su amo, es decir, armarse hasta los dientes y, simulando que el enemigo existencial es Rusia (es imposible que un país de 150 millones de personas, que lleva una guerra de desgaste de cuatro años para tomar el 20% de Ucrania, tenga pensado invadir un territorio de 450 millones de personas sin, además, ningún incentivo económico, energético, etc.), librar guerras en el continente africano, donde todavía quedan recursos por consumir (Busquen de donde viene el uranio francés) para poder seguir en la rito orgiástico del crecimiento económico.
Inconvenientes.
Desde un planteamiento plenamente trófico, alimentario, la visión tiene sentido. Ahora bien, la teoría plantea ciertas preguntas para lanzar al aire.
1. ¿De verdad esto interesa a los que realmente mandan en USA? la guerra de Ucrania obedece a propósitos estratégicos muy claros, y por supuesto que les interesa. Pero, por otra parte, la maquinaria económica de Estados Unidos es dependiente de la globalización, pues es SU globalización, y con el estrecho de Ormuz cerrado eso, simple y llanamente, se acaba. De hecho, la idea de que USA es autosuficiente en términos petrolíferos es falsa: importan un 40% de lo que consumen. ¿Es posible que esta política esté siendo decidida solo por una coalición de las energéticas nacionales, las armamentísticas y el gobierno? No tengo ni idea.
2. ¿Y qué pasa con China? ¿Acaso China no es el principal rival por el consumo? sin duda que lo es, y por la producción, y por la comercialización, y por los sectores estratégicos...por todo. Ahora bien, es posible que el asalto final contra China, utilizando el estrecho de Malaca, por ejemplo, esté reservado para otro momento, También es posible que estén intentando estrangular su capacidad exportadora con el cierre de Ormuz. De hecho, otra potencia económica y un (posible) futuro competidor, la India, está atravesando serias dificultades con el Leviatán que ha preparado Estados Unidos en la mismísima Persia.
Insisto, esta no es mi teoría como tal, pero creo que debe aparecer en el blog. Os dejo esta entrevista, en la que se habla del tema.
Lo único que tengo claro es que de esta no salimos más fuertes y que, o abandonamos este sistema económico, o este sistema económico nos va a abandonar a nosotros por las bravas, ya sea mañana, pasado o en el año 2040. Y les aseguro que no va a ser divertido.
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