Nadar en la Matrix (IV): Geopolítica Alemana.

Como avisé en la entrada previa, en los próximos artículos tocaba analizar las concepciones geopolíticas de algunos de los grandes poderes mundiales. El caso que nos atañe hoy es el de un singular país ubicado en el corazón de Europa. No deja indiferente a nadie. Es una patria genial, repleta de filósofos, científicos...y a veces de guerreros. 
El espacio geográfico de lo que es la actual Alemania ha sido sede de potencias europeas desde el siglo IX de nuestra era. Y es que por allí han pasado imperios como el Carolingio, el Sacro Imperio o el Reino de Prusia, entre otros. Lo que nosotros llamamos "Alemania" y entendemos como un estado-nación nace en un proceso de unificación del año 1871. 

Bandera del Sacro Imperio Romano Germánico.

Una vez formada como país, Alemania entra de lleno en el selecto club de las potencias occidentales. Esto, en términos geopolíticos, significa que tiene el poder suficiente como para proyectar sus intereses en el exterior. En ese proceso, siempre se cruza con una serie de competidores. Dentro de estos, que abarcan desde Estados Unidos hasta Japón, nos centraremos en Rusia. Esto no es porque el autor del artículo tenga una filia pro-rusa, como dirían en algún flamante programa televisivo, sino porque la historia tiene un registro ineludible: cuando Alemania se lleva mal con Rusia, colapsa, y cuando se lleva bien, vive en paz.

La Realpolitik de Otto Von Bismarck (1873-1890).

Otto Von Bismarck es uno de los personajes más importantes de la historia de Alemania. Este fue un político inteligente y inescrupuloso en las relaciones internacionales. Cuando el país se unificó en el 1871, en parte por sus maquinaciones, Bismarck entendió que para fortalecer a Alemania frente a Francia, su rival acérrimo, necesitaba aislarla de una posible alianza con Rusia. Él comprendía que eso provocaría una enorme desventaja estratégica para Alemania. Siempre se le ha atribuido la siguiente frase: el secreto de la política es hacer un buen tratado con Rusia.

Bismarck bailó con distintas potencias para lograr un precioso tango con Rusia. Durante este tiempo tuvo tensiones con este país, pero su política dificultó el estallido de conflictos mayores. Sin embargo, en el año 1890 fue cesado por su emperador, Guillermo II, y el concepto estratégico cambió radicalmente.
Otto Von Bismarck, siempre tan jovial y sonriente.


Weltpolitik (1890-1918).

La contención de Bismarck fue sustituida por un auge nacionalista y militarista. De la mano del emperador Guillermo II y del almirante Tirpitz, poco antes y durante la Primera Guerra Mundial  desarrollaron un concepto estratégico basado en la expansión de Alemania como imperio colonial y marítimo que rivalizase con Inglaterra. Esto nunca ocurrió. Inglaterra se mantuvo como principal imperio marítimo en Europa y, por el camino, Alemania perdió la Primera Guerra Mundial. En términos geopolíticos, este episodio es relevante porque muestra la primera doctrina expansionista de la Alemania del siglo XX. Ahora bien, la segunda os va a sonar mucho más.

Lebensraum (1918-1945).

Mientras la Weltpolitik trazaba un plan que acabaría en desastre, un reputado geógrafo alemán daba conferencias sobre otro concepto estratégico. Friedrich Ratzel tenía una concepción darwiniana de los estados. Estos nacían, se desarrollaban y luchaban por los recursos con la selección natural como árbitro. Dentro de este cuerpo teórico, Ratzel acuñó un concepto que, por cierto, se sigue utilizando: Lebensraum "Espacio vital". Para él, todo país necesitaba una expansión determinada que le permitiese niveles serios de crecimiento demográfico, progreso económico, abastecimiento de recursos y, en definitiva, de desarrollo. 
Friedrich Ratzel.

El espacio vital de Alemania era Europa Oriental. Para consolidarse como imperio, el país germano debía llevar a cabo la tarea del  Drang nach Osten  ("marcha hacia el este") y someter a los pueblos bálticos, fineses y eslavos, entre otros. A diferencia de la Weltpolitik, que pretendía convertir a Alemania en una talasocracia, el Lebensraum entendía que Alemania tenía potencial como poder terrestre, capaz de llegar hasta la Siberia. 

Esta idea fue apoyada por varios sectores políticos, intelectuales y sociales en Alemania. Pero nadie la cogió con tanto fervor como un tal Adolf Hitler. En el año 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, el III Reich invadió la URSS con resultados que todos conocen. La estrategia volvió a salir mal. 

Ostpolitik (1969-2000 apróx).

Un nuevo término aparece al calor de la Guerra Fría. El socialdemócrata Willy Brandt llega al poder en en 1969. Este astuto político traza una política exterior que tiene una cosa común con el Lebensraum. En efecto, Alemania necesita a Rusia. El Este de Europa supone una fuente de aprovisionamiento de materias primas, de comercio y, en fin, de prosperidad, ineludible para un país como Alemania. Ahora bien, la diferencia con el Lebensraum es que Brandt entendió que eso se podía lograr tejiendo una buena relación con Rusia, como cien años atrás promovía Bismarck. 

El presidente soviético Brehznev junto con Willy Brandt.

Fruto de esta doctrina, Alemania entabló una simbiosis económica con todo el este de Europa que le aseguró décadas de paz y de desarrollo. Los sucesores de Brandt siguieron su línea marcada con gas natural y Rusia y Alemania no volvieron a enfrentarse en una guerra directa. Se puede decir que salió bien.

Yo a Washington, Tú a Pekín (2000-actualidad).

Los lazos comerciales entre Rusia y Alemania estaban consolidados. El primero le exportaba energía barata, y el segundo le congratulaba con bienes industriales de todo tipo. Era una relación complementaria y, en un futuro, la posible formación de un eje económico euroasiático. Sin embargo, las cosas se empezaron a torcer.

Si bien los intereses económicos de ambos países confluían, Rusia empezó a trazas una política que chocaba frontalmente con la de la OTAN, organización militar a la que pertenece Alemania. Esto creó un dilema estratégico que se agravó gradualmente. 

Angela Merkel y Vladimir Putin.

En 2022 Rusia invadió Ucrania, aludiendo que era una respuesta contra las injerencias de la OTAN en dicho país. Esto provocó que los países de dicha organización sancionaran económicamente a Rusia, sobre todo en sus exportaciones energéticas. Esto afectó a Alemania, que vio como en cuestión de días sus costes industriales subían de precio (recordad quien suministraba el gas barato) y llevaban al país a la inflación. La situación empeoró cuando estalló el gaseoducto Nordstream, que redujo aun más la obtención de gas barato para Alemania y la ha llevado a la recesión económica. 

¿Cómo queda entonces la geopolítica? Alemania ha reforzado sus lazos con Estados Unidos (un proveedor de gas cuatro veces más caro) y Rusia ha hecho lo propio con China, que es ahora su comercializador industrial. Por lo tanto, la idea de una hipotética unión entre Europa y Asia de la que hablaban De Gaulle o Gorbachov se ha esfumado. ¿Y quién se ha beneficiado de esto? Lo veremos en uno de estos artículos.

TIP 4: O Alemania o Rusia se llevan bien, o el continente europeo sale volando por los aires.














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