Alaska (No la de Fangoria)
La reunión de Trump y Putin nos presenta incógnitas relevantes.
El día 15, es decir, este viernes, los mandatarios de Rusia y EEUU se citarán en Alaska para tratar el desenlace de la Guerra de Ucrania. Desconocemos hasta que punto será un brindis al sol o un paso serio hacia la paz. Como diría Jack el Destripador, vayamos por partes.
Primeramente, está Rusia. El país presidido por Putin ha sido siempre muy claro a la hora de explicar el tratado de paz que quieren firmar. No les vale con un alto el fuego sin condiciones concretas, sino acabar con "las causas profundas" de la guerra. Estas son, resumidamente, las siguientes:
-Neutralidad de Ucrania y salida de la OTAN del país.
-Desmilitarización de Ucrania.
-Firma de un tratado de seguridad colectivo en Europa que evite un nuevo estallido en la frontera rusa. Prácticamente, sería la desaparición de la OTAN, o, como mínimo, la neutralización de esta organización frente a Rusia.
La OTAN engañó a Rusia en Minsk I y Minsk II (2014-2015) y boicoteó un tratado de paz en abril de 2022, cuando la guerra en Ucrania solo acababa de empezar. Esto, sumado a la precaria situación del ejército ucraniano, provoca que el Kremlin sea férreo y maximalista a la hora de negociar: o el tío Sam cede ante sus pretensiones, o seguirá avanzando, sin prisa pero sin pausa, sobre Ucrania. Dicho de otra forma, en Moscú son conscientes de que van ganando y de que pueden imponer su voluntad.
Además del asunto ucraniano, también tratarán temas comerciales y el avispero del Cáucaso, donde Rusia buscará hacer prevalecer sus intereses, puesto que es su entrada a Oriente Medio. Pero esto es un elemento más secundario, donde entran otros actores como Turquía.
Ahora vayamos con los Estados Unidos de América, presididos por uno de los personajes más impredecibles de nuestro tiempo.
Donald Trump no ha cejado en insistir que la guerra ruso-ucraniana ha sido una estupidez cometida por la administración demócrata, y que si él hubiera estado en el despacho oval, algo así jamás habría ocurrido. Por lo tanto, culpa más a su propio país que a Rusia de la guerra. Bien, puesto esto tiene un problema muy fácil de entender.
Ucrania depende de Estados Unidos. Sin más. Armamento, servicios de inteligencia, asesoramiento, propaganda y, sobre todo, satélites. USA les entrega, vende y presta todo esto. Con dejar de hacerlo, Ucrania no duraría nada y se vería obligada a firmar un tratado de paz con Rusia. Si la administración Trump quiere, mañana se acaba esta "guerra estúpida". Sin embargo, lleva más de medio año en la Casa Blanca y aquí seguimos. Incluso ha estado un mes amenazando a Rusia con un "ultimátum" que, curiosamente, terminó esta semana. ¿Entonces qué pasa?
Pasa que el señor Trump es un farolero, un tahúr, un tartufo, un gambler de casino que entiende la política internacional como un mercadillo. Y ciertamente no son mundos muy distintos, pero esta vez hay un problema: la OTAN ha perdido una guerra en el corazón de Europa contra el eterno rival y no hay forma de salir del atolladero sin ceder, sin reconocer la derrota. Y, por si fuera poco, tiene que sacar músculo en público después de haberse pasado un mes lanzando bravatas contra Rusia.
Y no es lo único que pasa. Resulta que nuestra bien amada Comisión Europea está encantada de comprar toneladas y toneladas de armamento al tío Sam (con tu dinero, por cierto). Un tratado de paz en Ucrania, que satisficiera los intereses del vencedor, truncaría los jugosos contratos armamentísticos, las mordidas, la ganancia de los grandes capitales. Y eso, gobierne quien gobierne en Washington, no se puede permitir. Si nos rearmamos no es para juguetear, es para producir y para comprar sin parar, como ya explicamos aquí. La paz no interesa.
¿Conclusión?
Creemos que USA va a llegar a algún avance tímido respecto a la paz, pero la guerra va a seguir, puesto que 1) las voluntades occidentales no son fiables, 2) Rusia tiene claros sus objetivos y 3) hay mucha pastuki en juego.
Aclaramos, eso sí, que en este blog hemos errado algún tiro con Trump, así que lean esto con cautela y sentido crítico.
Alguno se preguntará si nos vamos a detener a hablar sobre el papel de los políticos europeos en todo este tinglado. Lo cierto es que el mercado de fichajes nos importa más que sus opiniones.
¡En fin! como decía un sabio, malditas sean las guerras y los canallas que las hacen.
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