Alemania, entre Escila y Caribdis.

 El país germano se ha metido en un atolladero de consecuencias imprevisibles.

Desde su unificación en el 1871, Alemania no ha dejado a ningún país indiferente. Para bien y para mal, Alemania mueve un dedo y provoca, bien bailes, bien terremotos. Pues estamos entrando al segundo caso. ¿Y qué ha pasado para llegar a algo así? 

Desde la segunda mitad del siglo XX, Alemania despegó como gran potencia económica europea. Era reconocida como la locomotora del viejo continente. Esto no se debía a un "milagro alemán" ni a las monsergas pseudocientíficas que aparecen en la televisión, sino a unas relaciones de causa-efecto muy concretas.  Como fuere, la potencia alemana descansaba sobre los siguientes pilares:

1. Patrocinio político: Alemania era el principal protectorado de los Estados Unidos en Europa, siendo así el país con más tropas norteamericanas en su territorio. Asimismo, el mercado europeo estaba perfectamente diseñado para que el Euro, el antiguo marco alemán, imperase por todo el continente.

2. Abastecimiento energético: Gracias a los suministros baratos de la energía proveniente de Rusia, Alemania era capaz de armar una industria de alto valor añadido (Automovilística, principalmente) y exportarla a los mercados internacionales. 

Esta combinación político-económica, sumada a que China aun no disputaba los mercados de alto valor añadido, hacían de Alemania todo un emporio industrial. 

Bien, pues todo este proceso (descrito aquí) ha empezado a languidecer. Y no parece que la dirigencia alemana, con un exgerente de Blackrock al mando, vaya a virar hacia otro lado. Vayamos, pues, a los hechos que condenan a Alemania. 

1. El dragón chino ha despertado: China ya no vende juguetes. Su monstruosa industria ya está en las calles europeas. Es tan común hablar de BYD como de Wolskagen. Encontramos automóviles chinos en, por ejemplo, la feria de Zafra o en los autobuses eléctricos de Badajoz. Así, a bote pronto. Las expectativas de desarrollo y crecimiento chino tienen a los automóviles europeos al borde del infarto. Bien, aquí ya vemos una columna agrietándose poco a poco. 

2. Bye bye Gas: no descubro América si explico que el capitalismo necesita energía abundante y barata para que una economía sea competitiva en el mercado global. Este era el caso de Alemania. Algo se torció y la factura del gas se ha cuatriplicado. ¿Ha sido por arte de magia? Si entendemos que USA te llame amigo en público y te explote un gaseoducto en un mismo día, si, claro, ha sido magia. 

Detengámonos en este episodio. 26 de septiembre de 2022. La principal infraestructura que abastece de energía rusa a Alemania explota por los aires. Es una acción de guerra en toda regla. Un acto que tiene la intención de destruir la economía del país. Y con "economía" no me refiero solo al bienestar de la banca alemana, sino a la caldera de cada vivienda alemana. Es, sin duda alguna, uno de los eventos más importantes del siglo XXI en Europa. Una cuchillada en el pulmón germánico. Sin energía rusa, la economía alemana gripa. Es así de sencillo. No se puede entender nada de lo que está pasando sin este episodio.

Una vez ocurrido esto, un ministro polaco celebra la voladura y felicita a USA. Y el ministro no es un cualquiera, sino el marido de Anne Applebaum, una intelectual orgánica del neoconservadurismo estadounidense. Vamos, alguien que sabe cosas, como diríamos en Twitter. 

Entre dimes y diretes aparece Seymour Hersh, un periodista muy incómodo para el poder, un tipo que destapó la matanza de My Lai (Una de las lindezas de nuestros amigos los yankees) y con un prestigio mediático impóluto. Bueno, discutible según Antonio Maestre y Pedro Vallín. Ya me diréis. Como cuando Esteban Granero criticó a Griezmann. En fin, Hersh publica una investigación en la que concluye que el gobierno de Joe Biden fue el responsable de este acto. ¿Os suena haber oído hablar de esto en los medios oficialistas? imagino que no, pues están muy ocupados con que si Feijóo esto, Sánchez lo otro, el Borbón tal y cual, que si un dron ha pasado por un aeropuerto en Noruega y mañana se acaba el mundo, bla, bla, bla. 

Los medios nos están llenando el bosque de especies exóticas (es decir, noticias de auténtica mierda) para que no podamos ver el Ragnarok que está por estallar en el corazón de Europa. Y es que La Dictadura del Tertulianado tiene a la clase trabajadora europea a un nivel de inopia que no vio venir ni Aldous Huxley.

Piensen una cosa: USA ha atacado a Alemania bajo la administración Biden. Bien, pues ahora los medios progresistas y liberales están asustados porque Trump quiere interferir en la política europea. ¿Y qué decían todos estos cretinos cuando ocurrió este evidente acto de guerra? Bueno, pues no decían nada, era una cosa secundaria. Total, un bombazo en medio del Báltico es lo más normal del mundo.  Habría que ver que habrían dicho si hubiera sido Donald.

Volvamos al meollo del asunto. Alemania está dejando de ser una economía competitiva, el descontento social crece y su clase política no convence (En España sabemos mucho de esto). ¿Cuál es la salida? Wagner la tenía muy clara.  De repente, la frugal, pacífica y progresista Alemania nos dice que hay que expandir el gasto público para hacer una reconversión industrial. Pero no esa reconversión energética de la que llevan veinte años hablando por hablar, sino la de toda la vida: la de meter carne humana y dinero en la industria armamentística. Todo bajo el espantajo de la invasión rusa, que, como ya expliqué, no puede ocurrir.

Por cierto: Putin ha anunciado que  Rusia va a desplegar sistemas de  misiles Arieshnik (misiles con velocidad hipersónica y capacidad nuclear).  

Salvo sorpresa, pintan bastos. 

Posdata doble.

1. Robe Iniesta no ha muerto, se ha convertido en una leyenda, se ha fundido con las estrellas y su música permanecerá inmortal. Más Robes y menos burrócratas.



2. Mi libro ya está disponible online. Aquí lo tienen.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Momento Cartago.

Nadar en la Matrix (II): ¿Cómo piensan los estados?

MOAC (Mother Of All Crisis)