¿Trump, Restitutor America?
Este verano, publiqué un artículo en el que hacía unos modestísimos pronósticos sobre las decisiones que tomaría Donald Trump en el cargo. Por desgracia, la modestia se ha reído de mi con una sonrisa vampírica. No he acertado ninguna. Cuando digo ninguna, es ninguna. Dediqué el dichoso artículo a hablar de China, de Rusia y de Irán. Y de repente, me encuentro con Groenlandia, Canadá, México y Panamá. Solo "acerté" en decir que los caminos de Trump son inescrutables.
¿Hacia un lebensraum norteamericano?
Desde que se supo del retorno de Trump, la mayoría de los analistas estuvieron pendientes de su actitud respecto a las guerras que estaba gestionando la administración Biden. Las opiniones se dividían entre los que veían un Trump pacificador, un Trump aun más belicista y, por último, un Trump impredecible, capaz de contradecirse continuamente.
No fueron pocos los que teorizaron sobre una nueva Doctrina Monroe en Trump (para más sobre el concepto, aquí escribí sobre ello). Y parece que no erraron el tiro. En efecto, el nuevo presidente de EEUU quiere volver a controlar el continente americano, y, según sus declaraciones, no descarta nada. Para cumplir con su cometido, tiene cuatro objetivos principales.
En primer lugar se encuentra Canadá. Este país, como todas las democracias liberales, atraviesa un periodo complicado en lo social, lo económico y lo político. De hecho, su presidente acaba de dimitir. ¿Se ha visto incapaz de remontar la situación interna? ¿o es que ha visto al águila norteamericana volando sobre el país? por el momento lo desconocemos. Lo que si es cierto es que Trump ha manifestado su voluntad de convertir a Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos. En otras palabras, ha propuesto una anexión directa del territorio.
Descendemos hacia el sur y llegamos al canal de Panamá. Este enclave es crucial en el comercio mundial, ya que asegura el trasiego de mercancías a nivel global. El canal fue propiedad de USA desde 1914 hasta 1999, año en el que cedió la totalidad de sus derechos a Panamá. Trump afirma que es un espacio controlado por el enemigo chino y que por lo tanto debe ser intervenido.
No contento con la anexión del canal, Trump ha mencionado la posibilidad de adquirir Groenlandia. Esta enorme isla, de escasa densidad de población, pertenece, aunque con un régimen de autonomía, a Dinamarca, país miembro de la OTAN. Las autoridades danesas no reconocen este reclamo, pero Trump las ha desoído y ha enviado a su hijo a la isla como portavoz de la causa. Y, de regalo, ha afirmado que los países de la OTAN tienen que elevar su gasto militar desde el 2% al 5%.
| Donald Trump Jr (centro) en Groenlandia. |
En último término, México también ha sido receptor de las amenazas de Trump. Aunque, ciertamente, no es una anomalía en la historia de este país. De acuerdo con Donald Trump, México es un país en el que su criminalidad disparada y su descontrolado tráfico de drogas han de ser una cuestión de seguridad nacional para Estados Unidos. De hecho, ha propuesto llamar al golfo de México "el golfo de América".
Todo esto puede parecer las algaradas de un presidente megalómano, y no es del todo descartable, pero, a la vez, también tiene un sentido estratégico. Para entender esta criatura que pretende crear Trump, hemos de diseccionarla y ver sus componentes.
En el ámbito demográfico, el control total sobre Norteamérica le aseguraría la captación de cerca de unos seiscientos millones de habitantes bajo el yugo de un único estado. No olvidemos que su principal competidor, China, es un monstruo poblacional de casi mil millones y medio de habitantes. Y puede que no se tratase solo del norte del continente, puesto que el sur no se encuentra en una posición de unidad, ni es algo que se espere. Una Greater America podría tener mayor capacidad para influir en Sudamérica en todos los ámbitos, sin necesidad de llevar a cabo anexiones territoriales.
Económicamente, este proyecto imperial amasaría una cantidad de materias primas estratégicas muy interesantes para el abastecimiento energético y el desarrollo industrial del país, pues Groenlandia y Canadá son ricas en ambas. Y, además, podría limitar el poder comercial de China tanto en el norte como en el sur de América, el cual es cada vez mayor.
Si atendemos a lo geoestratégico, hemos de mirar menos en la proyección de esta expansión sobre América en su conjunto, pues es obvia. Por el contrario, el lugar donde deberíamos fijarnos es el Ártico. Debido a su situación de deshielo, esta zona se está convirtiendo en una ruta comercial clave para el futuro. Y todas las grandes potencias están afilando los espolones de sus barcos para penetrar allí. ¿Y qué isla otorgaría a Estados Unidos una posición beneficiosa en la ruta del Ártico? Groenlandia.
Todo apunta a que la administración Trump ha esbozado un espacio vital, un Lebensraum (para más sobre este concepto, aquí). Esta colección de anexiones territoriales garantizaría la supervivencia de Estados Unidos como gran potencia frente a sus enemigos.
Algunos, al leer esto, estarán pensando que Trump ha llegado a la epifanía estratégica, a una genialidad sin parangón. Pero, sin embargo, hemos de recalcar que el mundo está lleno de ruinas de imperios que se creyeron inmortales. No sería la primera vez que un imperio en declive se derrumba en un intento por sobre-extenderse.
Sea como fuere, la administración Trump promete cuatro años convulsos.
Comentarios
Publicar un comentario